En la biblioteca vive el Mono de la Tinta. Se esconde entre mis libros y acecha mis tinteros. Cuando cree que no lo veo, olisquea mis lapiceras. Se trepa a una pila de libros y, por sobre mi hombro, trata de adivinar qué escribo. Escucho su respiración acompasada, anhelante, mientras lee. Lo sospecho en puntas de pie, haciendo equilibrio, pero, cuando me doy vuelta, siempre desaparece.

Dos cosas le gustan sobremanera: La tinta y las historias.

El otro día, al caer el sol, me acerqué silenciosamente. Me escondí en las sombras, detrás de las cortinas. La noche avanzaba lenta como el río espeso de mis sueños.

Entonces, cuando ya casi se me cerraban los párpados, lo vi: se acercó canturreando una cancioncita pegadiza y destapó todos los tinteros en un bailecito alegre. Después, sentado sobre sus patas sacó una historia del tintero con sus dedos largos.

“Había una vez…”. Y la tinta, sangre del cuento, se deshizo en gotas negras sobre el piso, desmigajándose en mil historias de dragones, de caballeros, de batallas, y en la historia de un mono que bebe tinta, una tinta negra y brillante, como los ojos negros del Mono de la Tinta

Gabi Casalins, septiembre de 2013

miércoles, 8 de julio de 2020

El árbol de lilas




El cuento que hoy narramos es de María Teresa Andruetto, una escritora argentina de literatura infantil y juvenil (aunque también escribe para adultos), sus obras son leídas tanto por chicos como por grandes, sabe atraparnos con su palabra y ha sido reconocida con diferentes premios y reconocimientos, entre otros, el Hans Christian Andersen de Literatura Infantil y Juvenil, en el 2012.
Premios aparte, la forma de contar de Andruetto es tranquila y profunda, sus palabras son claras, su estilo llano, sin olvidar que escribe literatura, y sus temas son universales.

En el año 2006 nos dejó El árbol de Lilas. Un cuento peculiar que presenta  una historia en tres fases: Primero, Él espera, impregnándose del aroma de las lilas. En el segundo paso, Ella sale de su casa, lo ve, y sigue su camino, buscando. Esta búsqueda la llevará por todo el mundo, hasta que, en el tercer momento, alguien le dice que a quien busca está en una plaza, bajo un árbol de lilas. Ella vuelve al principio de su camino y él sigue esperando. El recorrido de la historia, como el de Ella, es circular. Andruetto nos devuelve al punto geográfico desde el que partió.

Posiblemente, podríamos pensar en el papel activo de la mujer, su poder y su actitud de lucha, frente al papel pasivo del hombre que simplemente espera y opta por la inacción y hacer una lectura de oposición de lo femenino y de lo masculino; por supuesto, no nos vamos a conformar con esta primera visión. Hay más en este cuento.

Sin duda es una historia de amor, nadie lo duda, pero también nos muestra dos formas de ver el futuro, de alcanzar lo que se desea. Por un lado, Él espera, no es una espera sumisa, tiene su precio, prefiere esperar a conseguir bienes, prefiere esperar a enamorar a otra que no es la que está en su destino, prefiere esperar a jugar, y, en fin, prefiere esperar a ser feliz, como le dice a su madre. Son muchas cosas las que están en juego en esa espera. En este periodo, crece y madura.
Y, frente a la espera, la acción de Ella. El objetivo es el mismo, la forma de conseguirlo es diferente: Ella no puede quedarse quieta, cruza la plaza y lo ve, porque luego lo recuerda, pero, pese a esto, sigue andando, y va al Este, al Oeste, al Norte y al Sur, hasta que una voz, exterior (¿o es interior?), le dice que lo que ella busca estaba al principio del camino, y, sin dudarlo, vuelve al origen. No es una búsqueda inútil, también ella ha aprendido, ha crecido. Ahora sí está preparada.
El aroma y el marco de las flores de lilas no es casual. Las lilas representan la primavera, el amor, el nacimiento de algo nuevo. Y eso es lo que está en el destino de ambos personajes: la espera y la búsqueda son las bases para algo nuevo.
La historia y el mensaje están magníficamente bien representados con las ilustraciones de Liliana Menéndez.




No hay comentarios:

Publicar un comentario