En la biblioteca vive el Mono de la Tinta. Se esconde entre mis libros y acecha mis tinteros. Cuando cree que no lo veo, olisquea mis lapiceras. Se trepa a una pila de libros y, por sobre mi hombro, trata de adivinar qué escribo. Escucho su respiración acompasada, anhelante, mientras lee. Lo sospecho en puntas de pie, haciendo equilibrio, pero, cuando me doy vuelta, siempre desaparece.

Dos cosas le gustan sobremanera: La tinta y las historias.

El otro día, al caer el sol, me acerqué silenciosamente. Me escondí en las sombras, detrás de las cortinas. La noche avanzaba lenta como el río espeso de mis sueños.

Entonces, cuando ya casi se me cerraban los párpados, lo vi: se acercó canturreando una cancioncita pegadiza y destapó todos los tinteros en un bailecito alegre. Después, sentado sobre sus patas sacó una historia del tintero con sus dedos largos.

“Había una vez…”. Y la tinta, sangre del cuento, se deshizo en gotas negras sobre el piso, desmigajándose en mil historias de dragones, de caballeros, de batallas, y en la historia de un mono que bebe tinta, una tinta negra y brillante, como los ojos negros del Mono de la Tinta

Gabi Casalins, septiembre de 2013

miércoles, 19 de marzo de 2014

Pinocho de Carlo Collodi

Sin duda le crecerá la nariz a quien diga que no ha leído jamás nada sobre este muchachito maleducado, travieso, mentiroso, bueno para nada, que, no obstante, acaba teniendo una pizca de generosidad y acude a salvar a su papá. Pero cuántos de los que hemos leído el cuento, hemos leído el original. Aquí ya son menos. Y es precisamente la más interesante de todas las versiones, de la que se pueden extraer más lecciones y donde las aventuras y las travesuras de este trozo de pino convertido en muñeco son más colosales, donde el hada buena es más buena y, a veces, más humana (y ¿por qué no? más azul).

Les invito a leer, no ese pinocho reinventado de los cuentos troquelados, ni aquel otro, de la factoría Disney que bailaba con un gato y trabajaba como marioneta, sino el otro, el que escribió Carlo Collodi y fue publicado por entregas en el Giornale per i Bambini, a partir de 1881 y hasta enero de 1883. Hay grandes diferencias entre unos y otros, quizás la más llamativa sea el hecho de que el Pinocho de Collodi nunca trabaja de marioneta, aunque como veremos, a veces, se comporta como una marioneta en manos de gente malvadas y sin escrúpulos. Y el dueño del teatro de marionetas en el cuento de Collodi es un hombre que, pareciendo rudo, en el fondo es un buenazo que se apiada del pobre niño de madera y de su padre que lo espera en su casa y le da unas monedas que luego provocarán otras aventuras o desventuras…
Pero mejor será no empezar a adelantar nada, e ir, directamente, al cuento, que todos creemos conocer hasta que leemos el de Collodi.
Nuestra historia empieza en el taller de carpintero de maese Antonio o maese Cereza (sobrenombre que le viene por el color moráceo de su nariz). El viejo carpintero encuentra un trozo de madera, idóneo para terminar una mesa, pero justo cuando le iba a dar el primer golpe, oye una vocecita que lo recrimina por querer golpearlo. Por supuesto, cuando se da cuenta de que quien le habla es el tronco, ve el cielo abierto al poder desprenderse de él, cosa que ocurre en seguida: un vecino de maese Cereza, su amigo Geppetto va a pedirle un trozo de madera, dentro de su hambruna y miseria ha ideado una forma de ganarse la vida, dar la vuelta al mundo y conseguir un trozo de pan y un vaso de vino. Todo ello, gracias a que va a hacer un muñeco de madera que baile, practique esgrima y dé saltos mortales.
Geppetto, una vez en su casa, en la que hasta el humo de la cazuela era decoración pictórica de la pared, le pone nombre a su futuro muñeco, lo va a llamar Pinocho, pero no porque sea madera de pino, sino porque conoció a una familia con ese nombre, en el que ‘el más rico de ellos pedía limosna’, por eso supone que le va a traer suerte.
Collodi no para de sorprendernos con salidas de este tipo, entre irónicas, burlonas y algo esperpénticas, en las que ya apunta cierto surrealismo.
Después de mucho luchar, Geppetto consigue terminar el muñeco, bueno, casi terminarlo, porque, al pobre, entre tanta travesura de Pinocho, se le olvida ponerle las orejas.
Las tropelías de Pinocho provocarán, desde el principio, una serie de desventuras, que dejarán al pobre Geppetto en prisión, sin culpa alguna y al muñeco solo en casa, sin nada que comer, y con un grillo parlante que acabará aplastado contra la pared, por querer leerle la cartilla a la díscola criatura.
No se preocupen, el Grillo volverá a aparecer, no siempre con forma de grillo, pero eso sí, siempre dispuesto a cantarle las cuarenta a este desobediente Pinocho.
Pero no sólo el Grillo se va a metamorfosear a lo largo del cuento, el mismo Pinocho pasa de ser un tronco de madera a ser un muñeco, va a ser confundido con un ladrón y lo van a tratar como a un perro guardián, lo van a creer un extraño pez y casi va a morir frito en la sartén, luego será un burro (nada de tener sólo orejas y rabo de burro, se convierte en un burro auténtico), de nuevo muñeco de madera, para trabajar como un burro, ahora sin serlo, y terminar, finalmente, como un niño de carne y hueso, en premio a su buen corazón hacia su padre y hacia su amada Hada, claro que para eso, tenemos que llegar a los últimos capítulos.


También el hada va a sufrir mutaciones, primero será una niña de cabellos azules que vive rodeada de extraños y asombrosos seres (entre ellos un Caracol que volverá a aparecer en otros momentos y un perro de lanas que sirve como cochero) en una casita junto al bosque donde Pinocho va a ser colgado de una encina, esta niña lo cuidará y curará, le advertirá sobre su nariz que crece al decir mentiras. La niña morirá por las penas que le hace pasar Pinocho, pero reaparecerá en la Isla de la Abeja Hacendosa, convertida en una señora respetable (eso sí, con su pelo azul identificativo), que lo intentará llevar por el buen camino como una buena mamá. Más tarde, cuando Pinocho ha escapado de la isla, se ha ido al País de los Juguetes, se ha convertido en burro, ha conseguido escapar y ha encontrado a su padre en el vientre del Gran Tiburón, del que también escapa, ve, triscando sobre la ladera de la costa una cabrita ¡con pelaje azul!, que llora y está triste porque Pinocho ha muerto en el mar.
Una vez que Pinocho y Geppetto se han instalado en casa del Grillo, que, según el bichito, antes había sido de una cabra azul que se fue triste y abatida sin rumbo, penando la pérdida de su amigo Pinocho, reaparecerá el Caracol, uno de los personajes que rodean al Hada, y que le dirá que el Hada está enferma y que necesita unas monedas para curarse, o al menos, para poder comer un último trozo de pan. Es la prueba definitiva, pero Pinocho no lo sabe.
Geppetto, sin embargo, va a ser siempre el mismo, no sufre ningún cambio a lo largo de toda la historia. Viene a representar la madurez y la sensatez, al final, también la decrepitud que necesita de la ayuda del joven para salir adelante.
En Pinocho hay muchas lecturas, los más jóvenes quedarán admirados de cuántas aventuras vive el niño de madera, se asombrará de que pueda hablar con un Grillo, se reirán al verle arder los pies (los niños son así, se ríen de estas cosas), quizás hasta lleguen a envidiar su decisión de dejar de ir al colegio para acudir a ver los títeres o para ir al País de los Juguetes, pero, como Pinocho recibe el castigo que se merece, y sufre continuos descalabros, y sinsabores, cabe una segunda lectura, una lectura quizás menos festiva y más seria, casi transversal: es preferible ser pobre de bolsillo que de corazón, la miseria económica se puede soportar, y el que es pobre de corazón, el cobarde, el vago, el que busca malas compañías y huye de sus responsabilidades, ése, recibirá su merecido. Pero, y aquí, hay otra lectura, hasta el más cabeza dura, el que aparenta que no tiene corazón, puede un día encontrar un motivo para esforzarse en ser bueno y caritativo.
Y no crean con esto que Pinocho es un cuento de esos aburridos, lleno de mensajes morales, porque estas dobles lecturas, están tan entretejidas con las otras lecturas más infantiles, que no nos aburren ni hacen del libro un manual de buenas costumbres. Quizás, si es que queremos sacarle algún defecto a las aventuras de Pinocho sean las idas y las vueltas, los enredos, a veces, excesivos, en los que se ve envuelto nuestro héroe (o antihéroe, que tiene más de lo segundo que de lo primero), pero éste es un problema bastante frecuente en las obras escritas por entregas. Tengan en cuenta que las Aventuras de Pinocho, como ya dijimos más arriba, fue publicada por episodios y eso hace siempre que la trama se alargue un poco más.
Sin embargo, Las aventuras de Pinocho es un buen libro, bastante entretenido, con buen uso de la ironía y de recursos humorísticos, que no nos aburre y que, bien leído, enseña al que quiere oír.

                                                                                                                      Inmaculada Manzanares


(Publicado originalmente en http://www.arealibros.es/)

UNA CITA CON LOS LIBROS… UN ENCUENTRO DE LECTURAS



El día 15 de marzo asistimos a una cita muy especial. Un encuentro con libros y con lecturas.  El encuentro  se dio en la ciudad de Ensenada y fue  organizado por las profesoras Marcela Ramírez y  Liliana D’Agustini,  directoras del Portal de los Libros. Este sitio cumple dos años de existencia y sus promotoras reciben cálidamente a los lectores quienes nos dispusimos  a recorrer con la vista y con el corazón palabras, ilustraciones, miradas y, por qué no, silencios.
En un segundo momento se nos invitó a reunirnos en círculo y desde ese instante ingresamos  a  otra dimensión: Marcela abrió el libro y un poema para curar a los peces nos cobijó y nos llevó al mundo de los versos, del canto y de la poesía.  Adrián, en el poema para curar a los peces  de Jean – Pierre Simeón, recorre su entorno buscando dar con la respuesta sobre  qué es un poema y de esa manera salvar a su amigo pez.  El niño al igual que un  antiguo filósofo va peregrinando en busca de la respuesta. Y los lectores fuimos  descubriendo a través de la lectura todo lo que sabe a un poema. 
Los invitamos a recorrer las páginas de este hermoso libro y aquí dejamos solamente unos versos que son caricias que sanan el alma:

Un poema
Pone las palabras del revés
Y ¡ale hop! el mundo es nuevo



sábado, 8 de marzo de 2014

    ¡Bienvenidos todos después de las vacaciones al espacio de la Literatura infantil platense! 
 
    Esta vez les  traemos a un querido poeta y narrador de nuestra ciudad, quien, si bien no se ha dedicado a la escritura para niños, nos regala un cuento que habla sobre ellos.
    Se llama Luis Edgardo Soulé, nació en San Nicolás de los Arroyos, es platense por adopción y, además, un querido amigo.
Luis en familia
          En la foto que vemos Luis está con su bisnieta y su esposa Clides.
Luis ha escrito poemas, cuentos y novelas y, al mismo tiempo, ha criado una gran familia. Algunos de sus nietos también escriben. Parece que lo que se hereda, no se hurta.
En cuanto a su tarea como poeta y narrador, les contamos que presentó su poemario "SUEÑOS POR VEINTE” en el año 1996 en el Stand de la Provincia  de Buenos Aires de la Feria del Libro .
Participó en  “HOJAS Y CUADERNOS DE SUDESTADA” del Taller de Poesía de Ana Emilia Lahitte con  “Hoja nº 289".

También recibió el Primer Premio en el II Concurso Internacional Hespérides de Cuento y Poesía que consistió en la publicación de su libro de cuentos “LA NICOLASA Y OTROS CUENTOS”.  
Ha publicado un libro de cuentos que se llama “DESDE EL CAFÉ” de Ediciones al Margen en junio de 2009 y, en diciembre de 2010 su poemario "SILENCIOS AJENOS".

También han publicado muchas de sus obras en variadas antologías poéticas:

"RETRATOS DE PLATA Y FUEGO-POETAS PLATENSES-Ediciones Francotirador-1993—POESÍA UNIVERSAL –ANTOLOGÍA BILINGÜE- (CASTELLANO-INGLES)- Editorial Red Literaria-1998-ESCRITORES ARGENTINOS DE FIN DE SIGLO- Línea Abierta Editores -1999 –MELODÍA DE COLORES-Centro de Estudios Poéticos-Madrid(España) 2007—ANTOLOGÍA POÉTICA-AGRUPACIÓN LITERARIA REGIONAL ALIRE- Chile -2007".

Como verán, ¡toda una vida dedicada a la Literatura!
El cuento que les presentamos se llama "Yo puedo" y la ilustración que lo acompaña es de una de las ilustradores del Mono de la Tinta, María Florecia Cassano.
¡Ahí va y esperamos que lo disfruten! 
Gabi Casalins
 



 

       Yo Puedo

Por Luis Edgardo Soulé

 

   -Mi papá dice que no se puede...


      

   Diego lo repitió por tercera vez, mirando de costado a Felipe que seguía con la vista clavada en el suelo.
 


   -Mi papá dice que no se puede...

   -Tu papá no sabe...yo puedo...insistió Felipe.

    Lo venían discutiendo desde la tarde anterior. Felipe había querido compartir con  Diego—su mejor amigo—aquel secreto celosamente guardado.
   Diego lo miró fijamente con sus ojos agrandados de asombro.

   -No puede ser...es mentira...

    Felipe insistió en que decía la verdad. Se enojó con Diego que no creía, y en la primer esquina dobló para su casa dando un rodeo.
   Diego llegó a la suya con las palabras de Felipe resonando en sus oídos.
   Esperó que terminaran de cenar, para hacer la pregunta que lo tenía tan preocupado.
 
  -¿Quién te contó eso..?  te hicieron un chiste...- le dijo sonriendo su padre- ¿cómo podes pensar que sea cierto..?... es imposible.


    No preguntó más. Ante la sonrisa burlona de sus padres, dio las buenas noches y se fue a dormir.
    Al día siguiente, desde su llegada a la escuela y durante toda la mañana, se miraron con Felipe sin hablarse. 
   Salieron juntos, caminando lentamente. Recién entonces Diego se animó a decir: 



   -Tu papá no sabe...yo puedo...si querés ver, vamos al campito de las vacas y te enseño.


   -Vamos…-dijo Diego bastante asustado y no muy convencido. 

      Se fueron apurados porque se hacía tarde y el sol se estaba poniendo.

    -... ¿Será posible..?se preguntaba Diego.

    Llegaron, Felipe siguió hasta el fondo del terreno, mirando hacia arriba, al cielo.
    Diego lo siguió expectante.
    Felipe sacó un espejo de su bolsillo hasta que el sol se reflejó por completo.

   -Mirá...—le dijo a Diego—mirá...

    Diego miró por sobre el hombro de Felipe y vio al sol reflejado en el espejo.

   - Fijate dijo Felipe metiéndose rápidamente el espejo en el bolsillo del guardapolvo—
 ¿... viste..?

    Los ojos de Diego se agrandaron de asombro. Se fueron juntos.
    El brazo de Felipe rodeó el hombro de su amigo. Miraron hacia atrás...el sol ya no estaba...
    Se apuraron...la noche se les venía encima.