En la biblioteca vive el Mono de la Tinta. Se esconde entre mis libros y acecha mis tinteros. Cuando cree que no lo veo, olisquea mis lapiceras. Se trepa a una pila de libros y, por sobre mi hombro, trata de adivinar qué escribo. Escucho su respiración acompasada, anhelante, mientras lee. Lo sospecho en puntas de pie, haciendo equilibrio, pero, cuando me doy vuelta, siempre desaparece.

Dos cosas le gustan sobremanera: La tinta y las historias.

El otro día, al caer el sol, me acerqué silenciosamente. Me escondí en las sombras, detrás de las cortinas. La noche avanzaba lenta como el río espeso de mis sueños.

Entonces, cuando ya casi se me cerraban los párpados, lo vi: se acercó canturreando una cancioncita pegadiza y destapó todos los tinteros en un bailecito alegre. Después, sentado sobre sus patas sacó una historia del tintero con sus dedos largos.

“Había una vez…”. Y la tinta, sangre del cuento, se deshizo en gotas negras sobre el piso, desmigajándose en mil historias de dragones, de caballeros, de batallas, y en la historia de un mono que bebe tinta, una tinta negra y brillante, como los ojos negros del Mono de la Tinta

Gabi Casalins, septiembre de 2013

lunes, 1 de junio de 2020

Los enigmas para resolver en las novelas de Norma Huidobro





Miranda nos comenta con mucho entusiasmo La sopa envenenada, El paraguas floreado y  El anillo de esmeraldas de Norma Huidobro,  y también nos cuenta  sobre los otros títulos de esta saga de la literatura de enigma a la que nos tiene acostumbrados esta magnífica escritora.
Vicky Colantoni Posse nos la reseña, aportándonos una visión sugerente.





¡Cada día, leo un poquito más!
Por Vicky Colantoni Posse

¡Editorial Norma sabe de chicos! Con un lenguaje accesible y conocido, hace adentrarse al lector por los vericuetos de una aventura, que bien podría sucederle a cualquier curioso que se precie de "investigador ". 
De manera coloquial, en primera persona, situándose en lugares comunes -que no por ello dejan de ser misteriosos,abrirse a sus novelas es calzarse las zapas o las chancletas del protagonista  para seguir pistas y hacer las deducciones que permitan descubrir "la verdad".  Así como nos atrapó "El sospechoso viste de negro", y la banda de "Vecinos y detectives en Belgrano" con su gran cantidad de casos resueltos, ahora es "Anita Demare" quien nos invita a jugar ...,  a sacar a la luz lo que sucedió "aquel mediodía de verano", (La sopa envenenada) , cuando almorzar en un típico restaurante de la costa atlántica y sacarse selfies dejó de ser algo trivial, por ejemplo. 
La escritora ha incorporado a sus historias la tecnología, y con ello también, la realidad de muchos de los niños de hoy; mantiene, sin embargo, el valor de "la amistad" por sobre todas las cosas:  prima el "estar con otros" para resolver los conflictos y salir de situaciones difíciles. Quizás sea ese un "valor agregado"... quizás "valor intencionado"... que logra, una vez más, atrapar al lector al sentirse, también, acompañado.
Anita Demare es una niña que va a la escuela, tiene amigos, veranea en la playa de "San Clemente del Tuyú "... curiosa, observadora, independiente; muy decidida por cierto; algo audaz para su edad, que decide investigar lo que llama su atención.
Creo que,  los gustosos de la lectura llevamos una Anita dentro, y, tiempo al tiempo, tiramos  siempre del hilito, que deshilvana la aventura.
¡Dale que vamos por más! ¡De princesas, de superhéroes! ¡Con o sin disfraz, para adelante y para atrás... cada día, leo un poquito más!


María Victoria Colantoni Posse nació en La Plata y estudió  Psicología en la UNLP. Después descubrió su vocación de maestra, que la llevó a estar en las aulas y a ser docente del Instituto Eureka, para la educación del pensamiento. 
Es una afanosa y aguda lectora y gran conocedora del corpus de la Literatura Infantil y Juvenil. También podemos decir de ella que es una maravillosa  promotora y mediadora de lectura para sus alumnos y que vive perfeccionándose en estos campos.Por lo tanto, ¡palabra autorizada!


miércoles, 27 de mayo de 2020

Microrrelatos: Tríptico de Caperucita


Tríptico Caperucita





1. Hace mucho, mucho tiempo, al lobo feroz le leyeron las líneas de la pata. Le dijeron: “cuidado con las coloradas.” Él no creía en esas cosas. Por eso cuando conoció a Caperucita no vio venir el final.









2. Caperucita llegó al bosque, por el camino más largo, como su mamá le había dicho que no hiciera. Allí se encontró con el lobo, pero él no le hizo caso. Iba pensando en los Tres Cerditos.










3. El lobo se fue por el camino largo, se entretuvo con las flores, recordó las tartas de manzana, suspiró un par de veces… Cuando llegó a casa de la abuelita, ya estaban todos allí, impacientes y mirando el reloj, esperando a que él llegara para poder terminar con el cuento.









(Texto: Inma Manzanares
Ilustraciones: Gabi Casalins)

sábado, 23 de mayo de 2020

¿Leemos con Oso?


Alma nos presenta y comenta un Cuento con Oso y Mónica Dias Leal nos hace la reseña




La literatura infantil se vio muy enriquecida cuando al mundo editorial ingresó ese objeto libro llamado: libro álbum. Se abría así un universo de posibles lecturas y esto animaba a quienes no somos críticos a comenzar un camino de análisis aún más profundo de las ofertas literarias cuyos destinatarios principales  son  los niños.
Anthony EdwardTudor Browne   es un escritor e ilustrador de varias obras literarias consideradas “infantiles”. Yo me permito en este espacio, contarles que sus textos son requeridos por niños, jóvenes y adultos.  Títulos como Los osos,  Los tres osos,  Un cuento de Oso, entre otros título, ponen en juego la imaginación y la competencia literaria del lector.
En  Un cuento de Oso, con gran maestría el autor nos lleva al mundo de  los clásicos cuentos maravillosos. Con una pincelada en algunos casos completa y en otros en un incipiente dibujo, pasamos por Caperucita Roja y el lobo, los tres Cerditos, El Gigante, La bruja, los tres osos. Personajes que siguen teniendo vigencia en el mundo de los niños y de la literatura.  Pero que aquí, un pequeño Oso, les dará una gran lección. A través del lápiz, el personaje protagónico nos contará otras historias que se irán tejiendo a lo largo cuento para reproducir otro texto.
Dice Gustavo Bombini en  La aldea literaria de los niños[1] de María Adelia Díaz Rönner:  “Siempre,  lo sabemos, un texto dialoga con otro texto y ese diálogo es lo que hace refundar la esencia de lo humano en cada uno de nosotros” (p. 33)
Así  es que,  mientras Oso  camina por el bosque, el primer personaje con en el que se encuentra es con un lobo feroz, lengua afuera y con deseos de comer a  un elegante oso con moño que lo mira casi sorprendido. Ante esta actitud Oso, comienza el dibujo de un contorno que luego será develado en la siguiente página ya que Oso entrega al lobo a un gran cerdo blanco, mientras se observa detrás de escena en un segundo plano, a los tres cerditos que se convierten también en pequeños lectores de este nuevo mundo que está creando Oso, en el que los personajes que en otro tiempo quisieron imponerse, aquí tendrán su merecido, una vez más.
Oso sigue caminando y se encuentra con el Gigante, enojado y temible;  ante esta presencia  Oso no duda en regalarle una “cosita” que luego se convertirá en la planta (que no es cualquier planta) y que dejará atrapado y avergonzado al malvado gigante. En la siguiente página, Oso mira al lector como haciéndolo cómplice. Vale decir, él sabe que lo estamos mirando y que vamos leyendo con él las historias de los cuentos. Busca y se apoya en un lector cómplice. Oso sabe que no está solo. La bruja también será  despojada de sus atributos por una paloma creada por nuestro dibujante. Y así sin peluca ni sombrero, la bruja ya no es bruja y una manzana mordida,  será testigo de otra historia que no pudo ser.
Finalmente, Oso se encontrará con los Tres osos en el bosque y como no hay nada mejor que cerrar el encuentro con amigos, dibuja un festín y colorín colorado… ha terminado.



[1] María Adelia Díaz Rönner (2011). La aldea literaria de los niños. Buenos Aires. Comunicarte.

viernes, 15 de mayo de 2020

El sueño y la muerte hermanados en un cuento







Un  cuento es una casa de palabras, un refugio frente a las angustias que provocan las incertidumbres de la vida.
Juan Garzo en Una casa de palabras[1].

El sueño  y la muerte hermanados en un cuento
Estos días de situaciones de encierro nos recuerdan a otros días en otros años de otros tiempos y de otras pestes, de angustias, de miedos. Pero el hombre siempre encontró válvulas de escape y de eso da cuenta la literatura universal: Bocaccio, Chaucer, escritores de posguerras  y tantos otros regalaron a un mundo en plena orfandad sus tesoros más valiosos,  hechos de palabras.
Hoy traemos a nuestra página, la presencia de  un personaje especial de los cuentos de hadas: La bella durmiente del bosque. Los Hermanos Grimm y Perrault fueron quienes proyectaron la figura de esta princesa a lo largo del tiempo y a través de diferentes geografías.
Hoy el Mono de la tinta, nos trae a la Bella durmiente, a través de la mirada de la poeta chilena Gabriela Mistral: La princesa será herida, / mas por gracia del Señor,/ va a dormirse por cien años, hasta la hora del amor[2]. Haciendo uso de una cadencia musical de versos octosílabos, la escritora nos introduce una vez más en el palacio de unos reyes de “Hace tantos, tantos años / que imposible es el contar”  en el que se festeja la llegada de la vida. Pero la vida también tiene su contracara. El mundo de la princesa se ha dormido: Para que cuando despierte / no se llene de terror, que se duerma el mundo todo / al callar su corazón. Recorremos así la obra para detenernos en este otro personaje que está agazapado esperando su momento: el sueño.
La presencia de la muerte vinculada con el sueño es otro eje que mueve al hombre dentro de la literatura. Desde Homero hasta nuestros días, la literatura recoge la visión del sueño como hermano de la muerte. La princesa dormirá o morirá hasta que un beso apasionado la despierte: Y él se inclina hacia el semblante/ (ya ni puede respirar)./ Y su boca besa la otra, / pálida de eternidad,/ y las rosas de la vida/ entreabriendo suaves van…/  Y los párpados se alzan, / ¡qué pesados de soñar!,/ y los labios desabrochan/ y diciendo lentos van:/ -¿Por qué tanto te tardaste,/ ¡oh, mi príncipe! en llegar?[3]
En la muerte como en el sueño, el tiempo se detiene. En esa  ucronía, el devenir de los sucesos genera nostalgia e incertidumbre en el lector: ¿qué hubiese pasado si la Bella Durmiente no hubiese despertado jamás? O si el príncipe no hubiese  llegado a dar el beso que la salvó de los brazos del olvido?  Y qué habrá  pasado con el Hada fea, turba fiestas, rompedora de canción?
Una vez más, Cronos intenta apoderarse de la vida y de la muerte de los personajes literarios y como en tantas otras historias desde las épocas más remotas, el amor ha burlado a la muerte.







[1] Garzo, Gustavo Martín (2013) Una casa de palabras. (Página 9) España. Océano.
[2] Gabriela Mistral (2017) La Bella Durmiente del Bosque. Chile. Amanauta.
[3] Gabriela Mistral (2017) La Bella Durmiente del Bosque. Chile. Amanauta.


lunes, 7 de septiembre de 2015

Las aventuras de Botazul y otros cuentos de piratas

El Pirata Botazul y algunos otros de su misma 'calaña' son los protagonistas de estos cuentos que Belén de Larrañaga nos trae, con ilustraciones de Nancy Brajer. Estos piratas no son piratas comunes y corrientes, son piratas geniales, terriblemente divertidos que disfrutan y nos hacen disfrutar de sus aventuras.


domingo, 28 de diciembre de 2014

Una leyenda verdadera de Clarice Lispector

      Este año, por compensación por el retraso queremos regalarles dos cuentos navideños, uno es el que ya hemos publicado La Galleta de nuestra Gabi Casalins, el otro es Una leyenda verdadera de Clarice Lispector.

     Como hasta ahora nunca habíamos traído a Clarice a nuestra revista, y, sabiendo como sabemos, que más de uno sabe de quién se trata, pues no en vano estamos hablando de una de las más grandes escritoras brasileras, nos gustaría comentar algunas cositas sobre ella.
Clarice Lispector nació en Ucrania el 10 de diciembre de 1920 en Chechelnyk (Ucrania), mientras sus padres huían, apenas dos meses después la familia llegó a Brasil, país que siempre consideró el suyo.

     Escribió para adultos y para niños. Sus obras destinadas especialmente para chicos (aunque también los adultos pueden leer y disfrutar con ellas) son, entre otras, la vida íntima de Laura, ¿Cómo nacieron las estrellas?, Casi Verdad, además de cuentos y recopilación de leyendas brasileñas.
Cuando le preguntaron a Clarice cómo empezó a escribir para niños, contó esta anécdota:

"Cuando estaba escribiendo La manzana en la oscuridad en Washington, mi hijo Paulo me pidió, en inglés –yo hablaba portugués con él, pero él hablaba inglés conmigo–, que escribiese una historia para él, y le respondí: “Después”. Pero él dijo: “No, ahora”. Entonces saqué el papel de la máquina y escribí El misterio del conejo que pensaba, que es una historia real, una cosa que él conocía. Por esa vez, fue todo. Lo escribí en inglés para que la criada se lo pudiese leer, ya que entonces él todavía no sabía... (...) ¡Ah! Por esa vez, fue todo. Pasado un tiempo, un escritor de San Pablo, ya no me acuerdo de su nombre, que editaba libros infantiles, me preguntó si yo quería escribirlos o si tenía alguno. Dije que no. De repente me acordé de que todavía tenía la historia del conejo y que sólo había que traducirla al portugués, cosa que hice yo misma." (Cfrdo. en http://página12.com.ar)

     El cuento que le proponemos aparece en ¿Cómo nacieron las estrellas? y se llama Una leyenda verdadera. En Argentina, está publicado por V&R Editoras, traducido por Alicia Salvi e ilustrado por Raquel Cané. Esperemos que disfruten de él, como nosotros.

Una leyenda verdadera

     En el pesebre todo estaba tranquilo y agradable. Caía la tarde  y todavía no se veía la estrella-guía. Por el momento, la alegría serena de un nacimiento -que siempre renueva al mundo y lo hace empezar por primera vez-, esa alegría suave, pertenecía solo a una pequeña y humilde familia.
Algunos sentían que algo estaba ocurriendo en la tierra, pero nadie lo vio ni lo supo a ciencia cierta.

     A la tarde, ya oscureciendo, en la paja de color dorado, manso como un cordero, brillaba el niño, tierno como un hijo nuestro. Bien cerca, un buey y un burro lo miraban. Y calentaban el aire con la respiración de sus cuerpos. Era el momento después del nacimiento, y él reposaba todo húmedo, todo húmedo y tibio respiraba. María descansaba su cuerpo agotado: su tarea en el mundo y ante el pueblo de Dios era cumplir con su destino, y ahora descansaba y miraba al dulce niño.

     José, con su larga barba, sentado allí, meditaba, apoyado en su bastón: su destino, que era entender, se había realizado.

     El destino del niño era nacer.

     En medio de la noche callada se oía aquella música del aire que cada uno de nosotros hemos escuchado y de la que está hecho el silencio. Era extremadamente dulce y sin melodía, pero hecha de sonidos que podían formar una.

     Flotante, ininterrumpida. Sonaba como quince mil estrellas. La pequeña familia captaba la más primaria vibración del aire -como si hablara el silencio.

     El silencio de Dios hablaba. Era agudo, suave, constante, todo atravesado por sonidos horizontales y oblicuos. Miles de resonancias con la misma altura y la misma intensidad, con la misma ausencia de prisa. Noche feliz, noche sagrada.

     Y el destino de los animales allí se hacía y se rehacía: amar sin saber que amaban. La dulzura de las bestias comprendía la inocencia de los niños. Y, antes de que llegaran los reyes, le regalaban al recién nacido lo que poseían: esa mirada grande que tienen y esa tibieza de su vientre.

     Este niño, que renace en cada criatura que nace, querría que fuéramos fraternos en nuestra condición humana y delante de Dios.

     Ese niño se convertiría en un hombre y hablaría.

     Hoy en muchos hogares del mundo nace un niño.

     Y como si con eso no fuera suficiente, derrama en el aire como champaña el burbujeante Año Nuevo.


La Galleta (cuento navideño de Gabi Casalins)


A mi querida María Victoria
La señorita Vicky se despertó esa mañana y ya tenía en la piel olorcito a jengibre. “Se aproxima la navidad”, se dijo a sí misma y se puso el guardapolvo blanco para ir a la escuela.
En la parada del micro notó que una señora la miraba con ojos de huevo frito.
Después, el colectivero le dijo seriamente:
-Yo que usted me voy ya mismo para el hospital.
Sin entender una sola palabra, se sentó el asiento de adelante y puso el portafolio y las bolsas con los cuadernos de sus alumnos corregidos sobre su regazo. Entonces, se  vio las manos. ¡Flor de susto se llevó! La piel tenía una rugosidad extraña y un color amarillento. Desprendía el mismo perfume que había olido en su casa, antes de salir para la escuela.
Y, sí, la señorita Vicky se estaba convirtiendo en una galleta de jengibre. Ni más ni menos.
Y como era una maestra responsable, lo que hizo fue bajarse las mangas del guardapolvo para ocultar aquel inconveniente.
El problema lo tuvo con sus alumnos de cuarto año, que estuvieron todo el tiempo persiguiéndola en los recreos:
-¡Mmmmm! ¡Tenés perfume a galletita! – le dijo Martina mientras le frotaba la naricita respingona por la manga.
-¡Sí!- dijo a su vez Maxi, mientras le chupaba el dedo índice.
La señorita Vicky, que nunca había sido descortés con sus nenes o con cualquier persona que tuviera a su alrededor, escondió la mano en el bolsillo.
La directora, que siempre paseaba por el recreo como una reina sin corona, le pasó a la señorita Vicky por al lado, pero esta vez, la miró de arriba a  abajo y dijo:
-¿Victoria, me parece a  mí o estás engordando?
Pero la señorita Vicky no estaba engordando, se estaba “aplastando” como una galleta. Sí, como una galleta con forma de hombrecito de jengibre. Mejor dicho con forma de mujercita de jengibre.
Por esa razón comenzó a caminar por el patio con las piernas algo abiertas. Sus nenes la siguieron imitándola y ella, al verlos, para disimular les dijo:
-¡Vamos todos al aula caminando como el monstruo de Frankenstein!
Y los chicos la siguieron haciendo temblar las manos y endureciendo las rodillas, muertos de risa. Lo mejor de todo es que nadie sospechó nada, porque la señorita Vicky era conocida en la escuela por jugar mucho con sus alumnos.
En el aula, mientras hacían la tarea de matemática, la señorita Vicky se acercó a Alejo, que luchaba con la tabla del nueve. Alejo no se pudo contener y le mordió un poquito la punta de la nariz, porque para ese entonces la nariz de la maestra ya se había convertido en un confite colorado, y todos sabemos que si hay una golosina por la  que a Alejo daría la vida es por esos confites rellenos de chocolate.
-¡Uy, perdón seño, es que tenés una nariz tan “rica”, que digo tan linda!- dijo Alejo con la boca llena y el guardapolvo enchocolatado.
-¡No es nada, Alejito!- dijo la señorita y se tapó disimuladamente la nariz con la mano.
Así pasó toda la tarde, y al final del día escolar la señorita Vicky estaba llena de mordisquitos por las “tentaciones” de sus alumnos.
En la puerta, la señorita Andrea se le acercó mientras  ella  hacía malabarismos para poder doblarse y darle el beso de despedida a sus nenes:
-¿Vicky, me parece a mí o vos te estás transformando en galleta de jengibre?
-¡Disimulemos, Andre, disimulemos!- dijo La señorita Vicky y se tapó la nariz con la mano mientras saludaba al último alumno.
-Es que no podemos disimular, estás toda mordisqueada. ¡Parece que te hubiera atacado una banda de ratones!- dijo la señorita Andrea, bastante nerviosa.
-¡Y…no, ratones no, pero los nenes estuvieron toda la tarde un poco tentados con lo que me pasa!- dijo y continuó- ¡Ellos no tienen la culpa y son chiquitos Andre!
-¿Vos no pensaste que vas a quedar hecha migas, si seguís así?- se enojó Andrea.
-Y bueno…, al final si soy una galleta de navidad estoy para eso, estoy para que me coman con felicidad, relamiéndose y pensando en lo linda que es la navidad, con el arbolito, el pesebre y todos los regalos y dones que trae esta fecha.
-Pero Vicky, ¿vos estás loca? ¡Tenemos que ir al médico, ya!- dijo Andrea en el colmo de la furia.
-¡Ah, no, al médico no!, ¡el médico siempre me dice lo mismo: que las cuerdas vocales, que me cuide del polvo de tiza por la alergia, que cuidado con las cervicales! ¡Yo al médico no voy más! ¡Yo me vuelvo para casa a descansar y listo! Seguro mañana estoy bien.
Y se fue rengueando un poco y caminando como Franquenstein, porque Alvarito le había mordisqueado la punta del pie derecho mientras ella corregía en clase, distraída, la tarea de Lengua.
Esa tardecita, Martina, que había escuchado esta conversación entre las maestras en la puerta, escondida detrás de un árbol de la vereda,  escribió en su muro un mensaje para todos sus compañeros de año:
“Chicos, si nos seguimos comiendo a la señorita Vicky, nos quedamos sin maestra, y no sé ustedes, pero yo, a Pamela como suplente no la quiero. ¿Dónde vamos a conseguir una maestra tan dulce como Vicky? ”.
La respuesta no se hizo esperar. Llovieron ideas de todos los chicos, pero la ganadora fue la de Alvarito: había que mantenerla en el más cerrado secreto, para que ninguna maestra o compañero de otro año se enterara. Por eso fue que Alvarito no la publicó en las redes sociales,  y fue casa por casa entregando a cada uno una carta con “las instrucciones” para recuperar a la señorita Vicky.
Al día siguiente, la señorita Vicky amaneció totalmente convertida en galleta de jengibre. El sueño reparador había hecho milagros: cada mordisco de sus alumnos había desaparecido y, al mirarse al espejo, comprobó que el confite colorado de su nariz estaba intacto. Pensó de inmediato: “¡Suerte para Alejo!”. Y salió de su casa caminando tiesa para la escuela. El único problema fue que no le cerraba el guardapolvos , pero no se preocupó. En la brisa de ese diciembre próximo a la navidad, estaba muy bonita con su cara de galleta y el guardapolvo flotando como una bandera. El aroma del jengibre se mezclaba con el de los tilos y los jazmines y la señorita Vicky, aunque estaba agotada por todo el trabajo del año, pensó que ésta era su época favorita del año. “Y…la Navidad siempre tiene ese perfume a nacimiento, a cosa recién estrenada que le viene a uno tan bien y hace que no nos sintamos solos”, se dijo. Porque la señorita Vicky, hacía mucho, mucho que estaba sola.
La cosa pasó cuando llegó a la escuela. Para su sorpresa sus alumnos se portaron de maravillas: formaron en el patio muy ordenados, saludaron la bandera y entraron como soldaditos al salón. Después, sentados en sus bancos, le asombró a la maestra el silencio que hacían y entonces preguntó:
-¿Pasa algo grave, tesoros?
Alvarito, que tenía la voz cantante se paró al lado del banco y le dijo:
-¿Viste seño que vos te convertiste en galleta de jengibre y nosotros te estuvimos mordisqueando toda? Bueno, creemos que sabemos por qué te pasó eso y creemos que te podemos ayudar a que no te conviertas en miguitas…
-¿Ah, sí? ¿Y cómo lo van a hacer?- dijo atónita la galleta, qué digo, la maestra.
-Vos cerrá los ojos y abrí las orejas grande, grande.
-Los oídos, se dice, Alvarito, los oídos.
-Bueno, vos dale. –dijo Alvarito muy resuelto.
Y la señorita Vicky lo hizo, porque si algo caracteriza a la señorita Vicky es la confianza en sus alumnos.
Así, uno a uno, los chicos le fueron leyendo a la señorita Vicky a la oreja mensajes que le habían escrito. Algunos decían una palabra sola, otros un montón de palabras. Y si algo le quedó claro a la señorita Vicky fueron dos cosas: que no estaba sola en este mundo y que no era necesario ser una galleta de jengibre para que la quisieran. Con ser la señorita Vicky, bastaba y sobraba.

¿Que si siguió siendo para siempre una galleta de jengibre? Y, no. Aunque todos saben de qué miga está hecha esta maestra.
                                                                                                                              Gabi Casalins

domingo, 23 de noviembre de 2014

Teo en Filbita




 
Hasta Filbita se fue Gabi Gasalins con Teo y Antigua, para charlar un rato con los chicos sobre los sueños, los de Teo y los de los chicos. Y, después, cada uno dibujó su más impresionante sueño.
Imágenes de ese entrañable y creativo encuentro son las siguientes: