En la biblioteca vive el Mono de la Tinta. Se esconde entre mis libros y acecha mis tinteros. Cuando cree que no lo veo, olisquea mis lapiceras. Se trepa a una pila de libros y, por sobre mi hombro, trata de adivinar qué escribo. Escucho su respiración acompasada, anhelante, mientras lee. Lo sospecho en puntas de pie, haciendo equilibrio, pero, cuando me doy vuelta, siempre desaparece.

Dos cosas le gustan sobremanera: La tinta y las historias.

El otro día, al caer el sol, me acerqué silenciosamente. Me escondí en las sombras, detrás de las cortinas. La noche avanzaba lenta como el río espeso de mis sueños.

Entonces, cuando ya casi se me cerraban los párpados, lo vi: se acercó canturreando una cancioncita pegadiza y destapó todos los tinteros en un bailecito alegre. Después, sentado sobre sus patas sacó una historia del tintero con sus dedos largos.

“Había una vez…”. Y la tinta, sangre del cuento, se deshizo en gotas negras sobre el piso, desmigajándose en mil historias de dragones, de caballeros, de batallas, y en la historia de un mono que bebe tinta, una tinta negra y brillante, como los ojos negros del Mono de la Tinta

Gabi Casalins, septiembre de 2013

martes, 9 de junio de 2020

El cuentero nace, el narrador oral o cuentacuentos se hace


Se define Claudio Ledesma en su facebook como Contador profesional de historias, Cuentacuentos, Narrador Oral, Chamán Moderno y Juglar Contemporáneo.
 Representó a la Argentina en los Festivales Internacionales de Cuentacuentos de Bolivia, Cuba, Colombia, Chile, España, México, Perú y Uruguay. Es Director del Festival Internacional de Cuentacuentos “Palabra Mía” y “Cuenta Habana”. Narrador contratado por la Dirección General del Libro y Bibliotecas de la Ciudad de Buenos Aires.
Recibió en Cuba los premios "ContArte 2011" “El Cochero Azul 2014” y “Jesús del Monte 2018” por su trayectoria y difusión de la narración oral. Premios “Precursor 2015”, “Hacedor 2015”, “Pregonero 2011” y “Pregonero 2013” otorgado por la Fundación El Libro de Buenos Aires.
Ha publicado “Olga y los pájaros”, primer libro de la colección “Libros blancos, para imaginar e ilustrar”, el libro de teoría de narración oral “El arte de contar cuentos” y “Lo bueno y breve, dos veces bueno”, microficción y narración oral, todos con Sherezade Editora.
Recientemente recibió el Premio ATVC, por mejor programa de interés cultural por el programa “Cuentacuentos” que se emite por Canal 2 de Villa Gesell.
 El artículo que a continuación podemos leer pertenece a la primera clase del Postítulo Diplomatura Superior en Narración Oral Escénica (a Distancia) que en la actualidad se desarrolla en el Instituto de Educación Superior Rodolfo Walsh del Chaco.



El cuentero nace, el narrador oral o cuentacuentos se hace.

En resumen, diremos que la narración oral es un medio de expresión, el cual se manifiesta con “belleza” y “arte” (es decir con su propia técnica), en un instante único de creencia en la fantasía o realidad. Es una forma de comunicación que se nutre de la ficción, sin otro apoyo que la palabra, los gestos y los movimientos. El oyente forma con el narrador la otra parte de una unidad, pues él debe recrear en su imaginación el relato que le cuentan, con su propia historia, esto crea un estrecho vínculo que genera placer y se retroalimenta produciendo emociones y sentimientos.

Se logra con concentración, mirando directamente a los ojos, rompiendo esa cuarta pared que propone Konstantín Stanislavski[1] y compartiendo la historia.

En el teatro el actor muestra, en la narración oral se comparten imaginarios.

El texto no se estudia de memoria, es el cuento recreado en la imaginación del narrador y oyente, que permite improvisar, realizar comentarios y establecer un vínculo directo de comunicación.

Hay que diferenciar la técnica del narrador oral o cuentacuentos, del cuentero.

El narrador oral adquiere la técnica por haberla aprendido en forma expresa y por su propia voluntad y decisión.

Los cuenteros son los narradores espontáneos, que cuentan de forma intuitiva, muchas veces los cuenteros no saben leer o escribir, por lo tanto, su fuente no serán cuentos literarios, serán sucedidos, anécdotas, historias familiares, de aparecidos o leyendas.

El cuentero nunca elige ser cuentero, son los otros los que le dan ese espacio, ese lugar.

Piensen en su familia, en alguna tía, tío, abuela o abuelo, que en las reuniones familiares le decían, que lo cuente él o ella porque lo sabe contar.

Los otros son los que convalidan el espacio del cuentero, los que lo legitiman, él nunca decide ser cuentero. Lo hace en forma natural, espontánea y muy efectiva. Es un don innato.

El cuentero nace, el narrador oral, se hace.

A continuación, un párrafo de M. E. Maxwel, describe en su artículo “Seri rama, un cuento de hadas contado por un cuentero malayo” tomado del libro de Ana Padovani, “Contar Cuentos”, de editorial Paidos.

“Sentado en el salón de un Rajá o un jefe, el narrador de historias que probablemente es un hombre que no sabe leer ni escribir, empieza uno de los romances que forman parte de su repertorio, entonando las palabras como si estuviera leyendo un libro en voz alta. Posiblemente se ha colocado adrede, cerca de la puerta que lleva al apartamento de las mujeres y las risas o los aplausos del público masculino allá afuera resuenan detrás de las cortinas donde las mujeres de la casa estarán siguiendo la narración con gran interés. La narración continúa, tal vez, hasta bien alcanzada la noche cuando es interrumpida hasta la noche siguiente. El narrador no olvida nada, ha estado contando sus historias desde joven y heredó sus romances de su padre o de los antepasados que lo habían contado a los antepasados del público actual. Una pequeña recompensa, una bienvenida cálida y una buena cena esperan al narrador malayo donde sea que venga o vaya, caminando entre los pueblos, como Homero lo hacía entre las villas griegas”.

[1] Konstantín Stanislavski (en en ruso Константин Станиславский) (Moscú, 5 de enero de 1863 - ibidem 1938) fue un actor, director escénico y pedagogo teatral ruso, creador del método interpretativo Stanislavski y cofundador del Teatro del Arte de Moscú.

lunes, 8 de junio de 2020

“Rebelión en la granja: Los Cretinos de Roald Dahl” por Adrián Ferrero

Adrián Ferrero nos deleita con este artículo sobre una de nuestras novelas favoritas de Roald Dahl, y así, da el puntapié inicial a una serie de artículos y reseñas sobre la obra de este autor que le seguirán.


“Rebelión en la granja: Los Cretinos de Roald Dahl
por Adrián Ferrero

     Cuando un novelista se propone dar cuenta del universo de la ética para el público infantil, puede seguir dos caminos. El simplista: contar parábolas, con una suerte de trama aleccionadora. Sabemos a qué encerronas estéticas ha conducido a la literatura infantil ese proceder. O bien, un camino mucho más creativo, además de mucho más divertido: poner en escena un mundo ficcional habitado por personajes que encarnan esos valores éticos e interactúan de un modo que no es pacífico, pero tampoco necesariamente es dramático. Sí es conveniente que existan conflictos. Y si son más de uno mejor aún. En efecto, Roald Dahl acude de modo elocuente al humor (en ocasiones al humor negro), la ironía, la hipérbole como figura retórica que rige buena parte de la economía narrativa de esta historia, una trama cautivante y un clima que tampoco resulta apacible. Menos aún el punto de vista constructivo de la obra es simplista. Porque comienza narrando la pulseada entre el señor y la señora Cretino para luego desplazarse hacia personajes aparentemente (y solo aparentemente) secundarios, como si el propio narrador se hubiera cansado de los avatares de esta dupla de adversarios que comparten dormitorio.  
     No se trata aquí de buenos contra malos. Se trata de dos personas que supuestamente deberían amarse, como toda pareja que se elige para convivir como un matrimonio, en teoría, y sin embargo hay aquí permanentes trampas o trucos maliciosos que se realizan el uno contra el otro vengativamente. Veremos cómo este rasgo luego analógicamente se trasladará a otro grupo de personajes, animales para el caso, cuyos atributos sin embargo están notablemente humanizados.
     Lo cierto es que uno y otro recíprocamente urden maldades. Para perjudicarse, no exactamente para terminar con sus vidas. Pero sí perturbarlas. Enrarecerlas. Producirle un malestar a su compañero. Por supuesto que el autor maneja perfectamente esta circunstancia con el humor, el disparate y la ocurrencia. Con el ingenio y la gracia. Lo hace también con la sabiduría que confiere el conocimiento de la psicología infantil. Me refiero a qué puede y qué no puede entender y tolerar un niño de diez años en adelante. No serán maldades siniestras. Serán jugarretas. Trampas. Malicias que van en un in crescendo porque en la medida en que uno hace caer en la trampa al otro, pero es descubierto, la represalia no se hace esperar. Y la respuesta suele agravarse para hasta ser peor que la anterior acción padecida.
     El matrimonio Cretino desde su mismo apellido como un destino lleva encima la definición de una ética, que comparte. Lo que ellos ignoran, es que esas mismas faltas terminarán por volvérseles en contra, desbaratando todos sus complots. De hecho se trata de personas sumamente insatisfechas con sus destinos. Seres indeseables, que o bien se dejan crecer la barba hasta límites exagerados y no se higienizan (buena lección para niños en etapa de crecimiento pero también buena treta para hacerlos reír) hasta denotar una fealdad producto de la propia maldad. Porque tal como lo afirma el narrador de la novela, la señora Cretino no había nacido fea por genética. Sus maldades la habían afeado hasta límites insospechados. Y como afirma el narrador: a las personas que tienen virtudes, aunque no sean estéticamente dotadas de belleza, difícilmente uno pueda atribuirles o detenerse en defectos físicos. Pero este matrimonio es literalmente horripilante. Por dentro y por fuera.
     Roald Dahl demuestra, en un gesto noble, que la mirada que echamos sobre las personas es directamente proporcional a su integridad pero no a su fisonomía. O así debería serlo. Hay personas que pueden no ser agraciadas pero sí poseer una serie de dones que les otorgan un brillo aurático cuando las miramos. Tal vez, porque también inspiran respeto. Tal vez porque el respeto es una forma de la hermosura. Estimo que Roald Dahl debe de haber sido una de tales personas, porque el 10% del precio de la venta de sus libros es donado a las fundaciones benéficas Roald Dahl, que realizan desde tareas vinculadas a la salud hasta la alfabetización de niños con necesidades. De modo que ya desde antes de abrir el libro, en su contratapa, nos encontramos con un autor coherente. 
     Pero regresemos a su argumento. Decíamos que había una serie de maldades recíprocas que se propinaban el uno al otro como represalias. Día a día iban en aumento. Desde introducir una rana de una laguna en la cama de la señora Cretino.  Ella cocinar gusanos para su marido entre los spaguetthi. Él aumentar el tamaño de su bastón cada noche y también el de la silla en la que se sienta para hacerle experimentar que ha contraído la  enfermedad del encogimiento.
     El señor y la señora Cretino, entonces, no se aman. Esta es la primera gran lección de Roald Dahl. O lo hacen de un modo que difícil cuesta entenderlo. Hay gente que convive, que se casa, pero no se ama. Este punto es fundamental en la educación de un niño. Porque rompe con los arquetipos de los cuentos de hadas en los que los príncipes adoran a las princesas y viceversa. Y rompe con los estereotipos respecto de los que cierta sociedad aspira a instalar desde las costumbres conservadoras. En especial en un país como Inglaterra. Estamos simplemente ante un hombre y una mujer mayores que conviven pero no se aman. Fruto de la costumbre, de la rutina, de una sensación de circularidad paralizante, de continuidad que los hace seguir el uno junto al otro, el señor y la señora Cretino prefieren hacerse maldades a divorciarse o, al menos, dejar de convivir. Este punto es crucial en la poética de Dahl. Pinta a la perfección la crisis del matrimonio occidental desde la literatura infantil, en particular del de clase media, que o bien por hipocresía al que o bien por costumbre o bien por conveniencia, no se está dispuesto a renunciar. Pese a que la convivencia sea un infierno. A esta pareja le resulta más cómodo proseguir unida, eligiendo maltratase. Y hacer planes para que esos maltratos sean cada vez peores. Disfrutan de ver sufrir al otro. Es más: parecieran experimentar un cierto placer, un cierto goce en mortificar a su compañero o compañera en la dinámica tan singular que los reúne.

sábado, 6 de junio de 2020

Aventurera por Gabi Casalins

Para todos los peques en cuarentena, vaya ente cuento amasado en mi jardín. (Maestras,papás y mamás tienen mi permiso para llevárselo, si les gusta)



Aventurera

La vaquita de San Antonio había nacido aventurera. Entre todos sus hermanos era la primera en alejarse de la pilita de huevos que mamá había dejado preparada para que comieran cuando ella no estaba.
Se alejaba solita, intentando correr con ese cuerpo de gusanito peludo con patas que tienen las vaquitas de San Antonio bebés. Recorría la corteza del tronco del árbol de ciruelas que era su casa, se trepaba por las ramas y se columpiaba en el borde afilado de las hojas. ¡Era tan feliz!
Desde el  mar verde que era el ciruelo ese otoño, ella le gritaba a sus hermanos:
-¡Vamos chicos, vengan! ¡Vamos!
-¡No, no!-decían-¡Mamá dijo que todavía no podemos!
 Y seguían jugando a la escondida entre las grietas del tronco, ahí nomás, cerca de los huevitos amarillos.
-¡Bobos!-pensaba la aventurera y saltaba en una hoja como se salta en una cama elástica.
Una mañana, la mamá los reunió a todos alrededor de la pila de huevos y les dijo:
-Mis amores tenemos que estar muy atentos: desde ahora nadie, pero nadie, puede salir de casa. Todos se me quedan juntitos y nadie se sale de la grieta de la corteza porque es peligroso.
-¿No podemos salir a caminar por el árbol?-dijo la vaquita aventurera preocupada.
-¡Ni se te ocurra! ¡Es peligroso, muy peligroso! ¡Peligrosísimo!-dijo la mamá.
-¿Pero, por qué?, ¿por qué?-insistió ella, porque si no hubiera insistido no hubiera sido una vaquita aventurera.
-Bueno-dijo la mamá con una voz extraña-, es que hay una amenaza terrible en el jardín. Hay una invasión de... ¡Arañas!
-¡Oh! ¡Uy! ¡Noooo!-gritaron las vaquitas, porque como eran vaquitas sabían muy bien que las arañas se comen  a las vaquitas de San Antonio como si fueran alfajores de chocolate.
-¿Tantas hay?-preguntó la aventurera, no muy convencida.
-¡Tantas que no me alcanzan las patas para contarlas!- dijo la mamá y añadió-: oAdemás se reproducen de tal manera que te las podés encontrar en cualquier lado, debajo de una hoja, sobre el césped, debajo de las baldosas. Lo único que podemos hacer es quedarnos en casa y esperar a que se vayan.
-¿Pero, cuánto tiempo quedarnos en casa?-preguntó la vaquita que ya se estaba poniendo muy nerviosa.
-El que sea necesario.-contestó la mamá, misteriosa.
Y desde aquel día todas las vaquitas de San Antonio de ese tronco se agolparon en su grieta  y se quedaron allí, a esperar que el peligro pasara. Y así hicieron otras familias de vaquitas. Cada una en su hoja, en su corteza, o en su rama.
Jugaban allí, comían allí, estudiaban allí cosas de vaquitas de San Antonio, en casa todo el día. La mamá no salía, se quedaba con ellas y contaba cuentos, recortaban pedacitos de hojas con sus trompas y hacían hileras de vaquitas de San Antonio unidas por las patas que colgaban como guirnaldas en aquella grieta que era su casa. La tarea les llegaba por la red del polen que viajaba en el aire, y ellas la hacían con la mamá y después la soplaban en la brisa para que le llegara a su maestra, que era otra vaquita que también estaba en su casa.
Pero, no era fácil. Y a veces, se aburrían, o se cansaban. Sobre todo no le era fácil a la vaquita aventurera. Dos o tres veces la mamá la pescó tratando de escapar, trepada  en la punta de una hoja que se inclinaba sobre la grieta de la corteza.
-¡No te podés escapar a jugar afuera! ¡Es muy peligroso!- la retó -. ¡Mirá si te quedás atrapada en una tela de araña y no te podemos rescatar!
-¡Qué bichos más malos y horribles que son las arañas! ¡Las odio! ¡Las odio!-gritó la última vez que la mamá la arrastró para adentro de la casa.
-¡No, las arañas no son malas, son arañas nada más!-dijo la mamá.
-¡Cómo que no son malas! ¡Si no podemos salir afuera por ellas! ¡Tenemos que estar cuidando que no entren telas de araña a la casa para que nadie quede atrapado y hay que sacudirse las patas a cada rato! ¡Encima vienen creciendo como locas! ¡Eso no es normal!- opinó, enojada, la aventurera.
-Lo que pasa, mi querida-respondió con paciencia de santa la mamá-, es que hay un desequilibrio y la Madre Naturaleza lo está sanando así.
-¡¿Y quién córcholis desequilibró a la Madre Naturaleza?!-preguntó la aventurera muy enojada.
La mamá la miró pensativa y después dijo:
-Creo que fue el Jardinero, tratando de controlar a las avispas, que son las que se comen a las arañas.
-¿Y ahora?-dijo la aventurera.
-Ahora, a esperar en casa a que vuelva el equilibrio.
-¡Ah!-dijo ella, y se quedó pensando.
Y, extrañamente, desde ese momento no intentó escaparse más. Poco a poco encontró la manera de entretenerse. Se le ocurrieron varias cosas pero la que más le gustó fue la de tejerse un capullo de baba transparente alrededor de su propio cuerpo. Lo enganchó en un borde de la corteza y, escondidita allí adentro, comenzó a vivir una aventura increíble: sintió que su cuerpo cambiaba al tiempo que su rabia se iba volviendo de humo. Y adentro de su capullo soñó imaginando  sus colores preferidos, soñó con la libertad y soñó con todos los paseos que había dado por el jardín, cuando todavía la naturaleza estaba en calma.
Pronto descubrió que las aventuras que vivimos no se van nunca de nuestro corazón, como tampoco se escapa la belleza que conocemos. Pronto descubrió que el adentro y el fuera tienen que existir en cada vaquita de San Antonio para poder ser partes del jardín. Y le creció en la espalda una coraza de guerrera roja, con siete manchas negras como ojos para mirar el mundo.
La mamá la vio, a través de la pared transparente del capullo y sonrió.
Paso un tiempo largo, eso sí, pero un día, la mamá les dijo a todos:
-¡Ya podemos salir! ¡La red del polen anuncia que las arañas ya se han ido!
Sí, así como habían venido, se habían ido. Cosas de Madre Naturaleza.
La vaquita aventurera se desperezó dentro del capullo y después, tomó la decisión: Con la trompa rompió la punta, y por ese agujero, no sin trabajo, salió, arrastrándose,
En la corteza quedó aquella casa de filigrana transparente y el sol la atravesó. La vaquita la miró y se miró: nada quedaba de aquel gusanito inquieto que había sido. Ahora, en el filo de la rama, ella estaba vestida de fiesta con su traje rojo y negro. Entonces, como si un milagro hubiera sucedido, desplegó su maravilla: aquella coraza de su caparazón se abrió y mostró su fantástico origami, y dos alas enormes se desplegaron. Llena de alegría se las miró  y, por fin,  salió volando. A su alrededor también volaban sus hermanas y hermanos, con alas de viento.
Y el jardín, ahora era otro y distinto,  pero también era el mismo. Lo que pasaba era que ahora, esta aventurera lo miraba desde el vuelo.

Gabi Casalins



jueves, 4 de junio de 2020

Hay un tiburón en mi bañera, por Silvina Flamini



Hay un tiburón en mi bañera 
Por Silvina Flamini



Berta no quiere bañarse. ¡No quiere y no quiere! El padre insiste pero ella se niega, mientras abre bien grande la boca:
 —¡Hay un tiburón en la bañera! 
—¿Un qué? ¿Un tiburón? Un tiburón no entra en la bañera, Berta, es enorme —explica el padre para tranquilizar a la jovencita.
 —Papá, te digo que hay un tiburón, yo lo vi.
 —A ver, amorcito, ¿cómo es el tiburón? 
—Como todos los tiburones: tiene nariz larga y puntiaguda como la tuya, dientes filosos como los de Tobi y una aleta gris que se asoma por la rejilla. Yo lo vi. 
—Me parece que hay alguien que quiere evitar el jabón, eso es lo que yo estoy viendo—replica el hombre, con una ligera sonrisa en su boca. 
—¡Nooo, por favor, no quiero bañarme! —implora la niña. 
El padre de Berta, contra todos los pronósticos, abre la llave de agua caliente, comienza a llenar la bañadera, le agrega un poco de jabón para que haga espuma, vuelca algunos juguetes y luego introduce a la resistente criatura, a la vez que esquiva algunas patadas voladoras. 
Mientras papá la enjabona, Berta mira fijamente el desagüe de la bañadera (que ahora tiene tapón), no deja de mirarlo. Espera que, en cualquier momento, suceda lo inevitable: el tapón se descorra y… El padre interrumpe sus pensamientos:
 —¿Viste, corazón, que no hay nada dentro? —y le da un beso en la frente húmeda y jabonosa. Berta sonríe y se relaja, ya no hay peligro. Quizás papi tenga razón y todo sea producto de sus fantasías. Cuando el baño termina, el padre suelta el tapón, envuelve a la niña con una enorme toalla y se la lleva en brazos. A sus espaldas, un remolino de agua turbia disimula una nariz larga y puntiaguda, unos dientes filosos y una aleta gris que asoman por la rejilla.





Silvina Flamini
Nací en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, allá por el año ‘74. Estudié el Profesorado en Letras en mi ciudad y hace años que ejerzo la docencia en distintos colegios.
Colaboré en la organización de las “Jornadas de Poéticas de la literatura argentina para niños”, que se desarrollaron durante varios años en La Plata. Asisto con regularidad a jornadas, congresos, charlas sobre la LIJ, y tomo talleres para perfeccionar mi escritura. En 2019 cursé la Diplomatura en Literatura infantil para docentes, dictada por la UCALP.
He publicado dos libros de cuentos: Crónicas mininas y otros relatos  y ¿Érase una vez? Tal vez…, recientemente lanzado.
Me dedico, además, a difundir la literatura infantil y juvenil porque es algo que, verdaderamente, me apasiona.


lunes, 1 de junio de 2020

Los enigmas para resolver en las novelas de Norma Huidobro





Miranda nos comenta con mucho entusiasmo La sopa envenenada, El paraguas floreado y  El anillo de esmeraldas de Norma Huidobro,  y también nos cuenta  sobre los otros títulos de esta saga de la literatura de enigma a la que nos tiene acostumbrados esta magnífica escritora.
Vicky Colantoni Posse nos la reseña, aportándonos una visión sugerente.





¡Cada día, leo un poquito más!
Por Vicky Colantoni Posse

¡Editorial Norma sabe de chicos! Con un lenguaje accesible y conocido, hace adentrarse al lector por los vericuetos de una aventura, que bien podría sucederle a cualquier curioso que se precie de "investigador ". 
De manera coloquial, en primera persona, situándose en lugares comunes -que no por ello dejan de ser misteriosos,abrirse a sus novelas es calzarse las zapas o las chancletas del protagonista  para seguir pistas y hacer las deducciones que permitan descubrir "la verdad".  Así como nos atrapó "El sospechoso viste de negro", y la banda de "Vecinos y detectives en Belgrano" con su gran cantidad de casos resueltos, ahora es "Anita Demare" quien nos invita a jugar ...,  a sacar a la luz lo que sucedió "aquel mediodía de verano", (La sopa envenenada) , cuando almorzar en un típico restaurante de la costa atlántica y sacarse selfies dejó de ser algo trivial, por ejemplo. 
La escritora ha incorporado a sus historias la tecnología, y con ello también, la realidad de muchos de los niños de hoy; mantiene, sin embargo, el valor de "la amistad" por sobre todas las cosas:  prima el "estar con otros" para resolver los conflictos y salir de situaciones difíciles. Quizás sea ese un "valor agregado"... quizás "valor intencionado"... que logra, una vez más, atrapar al lector al sentirse, también, acompañado.
Anita Demare es una niña que va a la escuela, tiene amigos, veranea en la playa de "San Clemente del Tuyú "... curiosa, observadora, independiente; muy decidida por cierto; algo audaz para su edad, que decide investigar lo que llama su atención.
Creo que,  los gustosos de la lectura llevamos una Anita dentro, y, tiempo al tiempo, tiramos  siempre del hilito, que deshilvana la aventura.
¡Dale que vamos por más! ¡De princesas, de superhéroes! ¡Con o sin disfraz, para adelante y para atrás... cada día, leo un poquito más!


María Victoria Colantoni Posse nació en La Plata y estudió  Psicología en la UNLP. Después descubrió su vocación de maestra, que la llevó a estar en las aulas y a ser docente del Instituto Eureka, para la educación del pensamiento. 
Es una afanosa y aguda lectora y gran conocedora del corpus de la Literatura Infantil y Juvenil. También podemos decir de ella que es una maravillosa  promotora y mediadora de lectura para sus alumnos y que vive perfeccionándose en estos campos.Por lo tanto, ¡palabra autorizada!


miércoles, 27 de mayo de 2020

Microrrelatos: Tríptico de Caperucita


Tríptico Caperucita





1. Hace mucho, mucho tiempo, al lobo feroz le leyeron las líneas de la pata. Le dijeron: “cuidado con las coloradas.” Él no creía en esas cosas. Por eso cuando conoció a Caperucita no vio venir el final.









2. Caperucita llegó al bosque, por el camino más largo, como su mamá le había dicho que no hiciera. Allí se encontró con el lobo, pero él no le hizo caso. Iba pensando en los Tres Cerditos.










3. El lobo se fue por el camino largo, se entretuvo con las flores, recordó las tartas de manzana, suspiró un par de veces… Cuando llegó a casa de la abuelita, ya estaban todos allí, impacientes y mirando el reloj, esperando a que él llegara para poder terminar con el cuento.









(Texto: Inma Manzanares
Ilustraciones: Gabi Casalins)

sábado, 23 de mayo de 2020

¿Leemos con Oso?


Alma nos presenta y comenta un Cuento con Oso y Mónica Dias Leal nos hace la reseña




La literatura infantil se vio muy enriquecida cuando al mundo editorial ingresó ese objeto libro llamado: libro álbum. Se abría así un universo de posibles lecturas y esto animaba a quienes no somos críticos a comenzar un camino de análisis aún más profundo de las ofertas literarias cuyos destinatarios principales  son  los niños.
Anthony EdwardTudor Browne   es un escritor e ilustrador de varias obras literarias consideradas “infantiles”. Yo me permito en este espacio, contarles que sus textos son requeridos por niños, jóvenes y adultos.  Títulos como Los osos,  Los tres osos,  Un cuento de Oso, entre otros título, ponen en juego la imaginación y la competencia literaria del lector.
En  Un cuento de Oso, con gran maestría el autor nos lleva al mundo de  los clásicos cuentos maravillosos. Con una pincelada en algunos casos completa y en otros en un incipiente dibujo, pasamos por Caperucita Roja y el lobo, los tres Cerditos, El Gigante, La bruja, los tres osos. Personajes que siguen teniendo vigencia en el mundo de los niños y de la literatura.  Pero que aquí, un pequeño Oso, les dará una gran lección. A través del lápiz, el personaje protagónico nos contará otras historias que se irán tejiendo a lo largo cuento para reproducir otro texto.
Dice Gustavo Bombini en  La aldea literaria de los niños[1] de María Adelia Díaz Rönner:  “Siempre,  lo sabemos, un texto dialoga con otro texto y ese diálogo es lo que hace refundar la esencia de lo humano en cada uno de nosotros” (p. 33)
Así  es que,  mientras Oso  camina por el bosque, el primer personaje con en el que se encuentra es con un lobo feroz, lengua afuera y con deseos de comer a  un elegante oso con moño que lo mira casi sorprendido. Ante esta actitud Oso, comienza el dibujo de un contorno que luego será develado en la siguiente página ya que Oso entrega al lobo a un gran cerdo blanco, mientras se observa detrás de escena en un segundo plano, a los tres cerditos que se convierten también en pequeños lectores de este nuevo mundo que está creando Oso, en el que los personajes que en otro tiempo quisieron imponerse, aquí tendrán su merecido, una vez más.
Oso sigue caminando y se encuentra con el Gigante, enojado y temible;  ante esta presencia  Oso no duda en regalarle una “cosita” que luego se convertirá en la planta (que no es cualquier planta) y que dejará atrapado y avergonzado al malvado gigante. En la siguiente página, Oso mira al lector como haciéndolo cómplice. Vale decir, él sabe que lo estamos mirando y que vamos leyendo con él las historias de los cuentos. Busca y se apoya en un lector cómplice. Oso sabe que no está solo. La bruja también será  despojada de sus atributos por una paloma creada por nuestro dibujante. Y así sin peluca ni sombrero, la bruja ya no es bruja y una manzana mordida,  será testigo de otra historia que no pudo ser.
Finalmente, Oso se encontrará con los Tres osos en el bosque y como no hay nada mejor que cerrar el encuentro con amigos, dibuja un festín y colorín colorado… ha terminado.



[1] María Adelia Díaz Rönner (2011). La aldea literaria de los niños. Buenos Aires. Comunicarte.

viernes, 15 de mayo de 2020

El sueño y la muerte hermanados en un cuento







Un  cuento es una casa de palabras, un refugio frente a las angustias que provocan las incertidumbres de la vida.
Juan Garzo en Una casa de palabras[1].

El sueño  y la muerte hermanados en un cuento
Estos días de situaciones de encierro nos recuerdan a otros días en otros años de otros tiempos y de otras pestes, de angustias, de miedos. Pero el hombre siempre encontró válvulas de escape y de eso da cuenta la literatura universal: Bocaccio, Chaucer, escritores de posguerras  y tantos otros regalaron a un mundo en plena orfandad sus tesoros más valiosos,  hechos de palabras.
Hoy traemos a nuestra página, la presencia de  un personaje especial de los cuentos de hadas: La bella durmiente del bosque. Los Hermanos Grimm y Perrault fueron quienes proyectaron la figura de esta princesa a lo largo del tiempo y a través de diferentes geografías.
Hoy el Mono de la tinta, nos trae a la Bella durmiente, a través de la mirada de la poeta chilena Gabriela Mistral: La princesa será herida, / mas por gracia del Señor,/ va a dormirse por cien años, hasta la hora del amor[2]. Haciendo uso de una cadencia musical de versos octosílabos, la escritora nos introduce una vez más en el palacio de unos reyes de “Hace tantos, tantos años / que imposible es el contar”  en el que se festeja la llegada de la vida. Pero la vida también tiene su contracara. El mundo de la princesa se ha dormido: Para que cuando despierte / no se llene de terror, que se duerma el mundo todo / al callar su corazón. Recorremos así la obra para detenernos en este otro personaje que está agazapado esperando su momento: el sueño.
La presencia de la muerte vinculada con el sueño es otro eje que mueve al hombre dentro de la literatura. Desde Homero hasta nuestros días, la literatura recoge la visión del sueño como hermano de la muerte. La princesa dormirá o morirá hasta que un beso apasionado la despierte: Y él se inclina hacia el semblante/ (ya ni puede respirar)./ Y su boca besa la otra, / pálida de eternidad,/ y las rosas de la vida/ entreabriendo suaves van…/  Y los párpados se alzan, / ¡qué pesados de soñar!,/ y los labios desabrochan/ y diciendo lentos van:/ -¿Por qué tanto te tardaste,/ ¡oh, mi príncipe! en llegar?[3]
En la muerte como en el sueño, el tiempo se detiene. En esa  ucronía, el devenir de los sucesos genera nostalgia e incertidumbre en el lector: ¿qué hubiese pasado si la Bella Durmiente no hubiese despertado jamás? O si el príncipe no hubiese  llegado a dar el beso que la salvó de los brazos del olvido?  Y qué habrá  pasado con el Hada fea, turba fiestas, rompedora de canción?
Una vez más, Cronos intenta apoderarse de la vida y de la muerte de los personajes literarios y como en tantas otras historias desde las épocas más remotas, el amor ha burlado a la muerte.







[1] Garzo, Gustavo Martín (2013) Una casa de palabras. (Página 9) España. Océano.
[2] Gabriela Mistral (2017) La Bella Durmiente del Bosque. Chile. Amanauta.
[3] Gabriela Mistral (2017) La Bella Durmiente del Bosque. Chile. Amanauta.