En la biblioteca vive el Mono de la Tinta. Se esconde entre mis libros y acecha mis tinteros. Cuando cree que no lo veo, olisquea mis lapiceras. Se trepa a una pila de libros y, por sobre mi hombro, trata de adivinar qué escribo. Escucho su respiración acompasada, anhelante, mientras lee. Lo sospecho en puntas de pie, haciendo equilibrio, pero, cuando me doy vuelta, siempre desaparece.

Dos cosas le gustan sobremanera: La tinta y las historias.

El otro día, al caer el sol, me acerqué silenciosamente. Me escondí en las sombras, detrás de las cortinas. La noche avanzaba lenta como el río espeso de mis sueños.

Entonces, cuando ya casi se me cerraban los párpados, lo vi: se acercó canturreando una cancioncita pegadiza y destapó todos los tinteros en un bailecito alegre. Después, sentado sobre sus patas sacó una historia del tintero con sus dedos largos.

“Había una vez…”. Y la tinta, sangre del cuento, se deshizo en gotas negras sobre el piso, desmigajándose en mil historias de dragones, de caballeros, de batallas, y en la historia de un mono que bebe tinta, una tinta negra y brillante, como los ojos negros del Mono de la Tinta…

Gabi Casalins, septiembre de 2013

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sábado, 3 de julio de 2021

La Historia Interminable de Michael Ende

Otra reseña de nuestro colaborador Manuel Vargas

Argumento:

La Emperatriz Infantil está mortalmente enferma y su reino, Fantasía, corre un grave peligro. La salvación depende de Atreyu, un valiente guerrero de la tribu de las pieles verdes, y Bastian, un niño tímido que lee con pasión un libro mágico. Sólo un ser humano puede salvar este lugar encantado. Juntos emprenderán un fascinante viaje a través de tierras de dragones, gigantes, monstruos y magia que no tiene vuelta atrás. A medida que se adentra en Fantasía, Bastian deberá resolver también los misterios de su propio corazón.

Es una novela escrita por el escritor alemán Michael Ende, publicado en 1979. Este mismo autor tiene otras obras como El Teatro de las Sombras, Tragasueños y Momo, entre otras.


Opinión personal: 

La Historia Interminable es uno de mis libros favoritos. Me encantó y lo volvería a leer otra vez más, sin dudarlo. 

Me hizo transportarme a ese mundo de ficción llamado Fantasía. Tanto era así que me creía Atreyu, yendo por las laderas de dicho lugar. 


Es un libro muy recomendado de un gran escritor, que logrará sumergirte en su narración.

"Cinco semanas en globo" de Julio Verne

Manuel Vargas Molina, uno de nuestros jóvenes colaboradores nos presenta uno de sus libros favoritos.

Manuel es estudiante de Secundaria, gran lector y futuro ingeniero aeroespacial.

Argumento:

 El libro trata sobre Samuel Fergusson, un inventor que pertenece a la Royal Society de Londres y que va a cruzar África en globo para descubrir las fuentes del río Nilo, desconocidas en esa época.

 Lo acompañarán sus dos mejores amigos, Dick, un cazador escocés experimentado y su sirviente, Joe, un manitas que saca de apuros a quien lo necesita.

 Comenzarán su viaje en la isla de Zanzíbar y acabarán el viaje en las costas de Senegal, atravesando lagos, selvas y desiertos, y desafiando a la sed y al hambre.

Opinión personal:

 Este libro es uno de mis favoritos. Es una combinación perfecta de suspense, tensión y aventura, compaginado con un poco de diversión y humor para niños. Todo esto junto crea una explosión de temas que se fusionan perfectamente entre las páginas del libro, formando, personalmente, uno de los mejores libros que leí jamás.

Otros libros del autor:

 Escrito por Julio Verne, otras de sus obras son Viaje al centro de la Tierra, Veinte mil lenguas de viaje submarino, La isla misteriosa, Los hijos del capitán Grant, entre otras.

Si quieren leer esta novela:


Cinco semanas en globo

sábado, 6 de marzo de 2021

Con la música a otra parte

 


La  música posee una gran influencia en la literatura. Mueve las piezas de la historia y provoca en los personajes que intervienen, distintas modificaciones en el carácter y en la toma de decisiones. Dice Ronel González Sánchez: Contar historias empleando ritmos y sonoridades, al igual que trazar figuras en el suelo en las paredes de las cavernas, parece ser uno de los entretenimientos  más antiguos del hombre. Música y palabra o tal vez,  la musicalidad de la palabra en un maridaje constante ofrece un tejido muy interesante para los lectores.

Así nos vamos acercando a ese mundo de la imaginación en el que se tejen acciones, palabras, deseos y en algún momento, igual que una partitura musical, una gotita de silencio. En los cuentos de hadas podemos revivir los momentos de los personajes que están atados o liberados a través de la música. Fernando Palacios[1] en CUENTO Y MÚSICA: UN IDILIO PERMANENTE señala que: “Uno de los temas eternos en los cuentos clásicos es el del éxtasis mágico que poseen ciertas músicas: "El flautista de Hamelin", "La historia del soldado", "El ruiseñor", de Andersen, "El músico prodigioso" de los Hermanos Grimm, "La  canción más bonita" de Bolliger…” entre otros tantos que aquí se podrían nombrar.

Vamos a centrar la mirada en la fascinación que ejerce la música en los animales y en este caso especialmente, en las ratas. Hoy nos vamos a ocupar del cuento El Flautista de Hamelin. Se dice que este cuento fue documentado por los Hermanos Grimm en 1816 con el título de “El cazador de ratas”. Su fuente original está enmarcada en una leyenda propia del lugar en la que se cuenta que en el año 1284 sufrieron una gran invasión de ratas. Los lugareños buscaron a través de modos diversos, erradicar esta plaga. Según la leyenda un flautista que pasaba por ahí, aceptó el reto ofrecido por el gobernante del lugar, -quien se comprometió a pagar el precio solicitado por el flautista- y liberó a Hamelin de este gran problema. Pero como suele suceder, aún en estos tiempos, luego de la liberación no se quiso realizar el pago prometido. Entonces, en venganza por esta traición a la buena fe, el flautista regresó  y en medio de la fiesta de San Juan y San Pablo, volvió a hacer sonar su pequeña flauta y uno a uno los niños abandonaron el pueblo y fueron transportados hasta una cueva de la que no regresaron jamás. Aquí aparece la figura musical del silencio y así pasamos a presentar otra versión de esta historia que tendrá otros condimentos, en otro formato con un delicado trabajo en cuanto a imágenes y texto que nos ofrece Calibroscopio.

 La propuesta viene de la mano de Mariana Fernández quien propone una versión de este cuento, focalizando en el accionar del alcalde del lugar, casi un Midas que lustra, mira y admira “sus” monedas de oro. El ritmo y la cadencia de la narración nos llevan a sentir la presencia de la música que es una de las protagonistas para la resolución del primer conflicto y que a la vez, generará la confrontación de las acciones del gobernante con los habitantes de Hamelin. Hay cosas que en la vida no tienen repuesto, y es la vida misma.  A través de estrofas de cuatro versos rimados, descubrimos la presencia de la magia en la que se conjuga la vida y la muerte de los personajes.  Un lenguaje poético,  crea y recrea nuevamente el cuento a través del uso de adjetivos que dan vida a la flauta como un  “instrumento fiel”;  describen al flautista como un mago y al alcalde como un miserable:

Pero en ese pueblo había un gobernante

que sólo en el oro encontraba paz,

pasaba sus tardes puliendo monedas,

celando tesoros y anhelando más.

 

En sintonía con el cuento, los ilustradores Aníbal Dalla Pozza y Pablo Kersevan, nos proponen adentrarnos en una  estética muy particular;  recorremos  sus páginas guiados por  pequeñas ratitas, el ambiente se construye con una variedad  de elementos propios de la herrería: tuercas, tornillos, cadenas, rulemanes, caños, en un tono ferroso dan la atmósfera de un tiempo pasado que se hace presente para que los lectores revivamos este cuento pero en este ocasión con un final diferente. Las imágenes en algunos casos se presentan como si fueran antiguas estampillas que van poblando las páginas y reconstruyendo la historia de un flautista, un gobernante avaro y un pueblo  en el que “los aldeanos vivían sin penas, en prosperidad”.  La tapa y la contratapa invitan a los lectores a asomarse al mundo de la creatividad y a dejarse llevar por la imaginación: llaves, recortes de madera, materiales con distintas texturas, imágenes de ratitas en paracaídas. El pasado y el presente de esta historia sigue cautivando a muchos lectores de todas las edades y hoy, se cierra con un gran mensaje: “ver las cosas desde otro lugar nos abre las puertas para jugar”.



 Agradecemos especialmente a Cecilia Haug por su asesoramiento en cuanto las versiones musicales que se han escrito para revivir este cuento.

 



[1] Palacios, Fernando (1997) www.agruparte.com/imgx/words/Revista MAP 4.pdf en REVISTA MÚSICA, ARTE Y PROCESO.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

El mono lee las Cartas de Papá Noel de J.R. Tolkien


Los hijos de J.R. Tolkien recibieron cartas del Papá Noel durante toda su infancia. 

Todos los años, junto a sus regalos de Navidad, Papá Noel no olvidaba dejarles una carta, saludándolos y contándoles anécdotas del Polo Norte. A veces, también el Oso Polar les escribía unas líneas.
Desde el Mono de la Tinta queremos felicitarles estas Navidades tan peculiares del 2020 con algunas de estas cartas.
 

miércoles, 14 de octubre de 2020

“Gustavo Roldán: evitar caer en las celadas” por Adrián Ferrero

 Hoy, un artículo de Adrián Ferrero en panorámica sobre la obra de Gustavo Roldán y su red de valores.



“Gustavo Roldán: evitar caer en las celadas”

por Adrián Ferrero

 


     Gustavo Roldán  (Argentina, 1935-2012) amó el monte chaqueño, su flora y su fauna. Le gustó poner a conversar a los animales que lo habitaban, con la escenografía del río Bermejo, de aguas marrones, los árboles y arbustos de ese paisaje. En sus historias y poemas, indefectiblemente regresa, con inteligencia y sin lugares comunes, a esta toponimia, encontrando el modo de narrar mediante infinitas variantes, renovadoras siempre, este paisaje tan argentino como olvidado por la literatura de nuestro país. En efecto, una literatura como la argentina gobernada por la centralización de su producción pero también de su representación geográfica, por lo general urbana, la de Roldán viene a señalar un contrapunto. Resulta interesante verificar cómo alguien de pluma vigorosa, es capaz de restituir significado cultural a espacios aparentemente marginales respecto de lo que pareciera ser el de la hegemonía de nuestro país como productor de ficciones infantiles, circunstancia feliz que permite poner a los más pequeños en contacto con zonas de la considerada periferia. Desde esa supuesta periferia, al igual que Héctor Tizón, pero sin residir en ella, sino desde una evocación imaginaria que él evoca sobre todo desde Buenos Aires, una transposición imaginaria y una ética del sujeto, Roldán construye su poética. También su poética constituye la prueba más contundente de que desde la imaginación del así llamado interior del país pueden surgir poéticas potentes, con sentido de arraigo, pero también de universalismo. Y nada complacientes con el sistema en vigencia, invitado a los niños a ejercer el pensamiento crítico.

     Estuvo casado con la también escritora infantil Laura Devetach. Tuvieron la iniciativa de realizar proyectos literarios en coautoría, como Las aventuras de Pinocho, una versión libremente inspirada en el clásico de Carlo Collodi. Su hija es también escritora, con quien escribieron libros juntos. Y su hijo, ilustrador, puso imágenes a varias de sus creaciones, al igual que a las de su madre. Una familia signada por el arte, pero que al mismo tiempo supo compartirlo y potenciarlo.




     Se graduó como Lic. en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba, al igual que su mujer. Se desempeñó como director de colecciones editoriales para niños, coordinó talleres de escritura, trabajó como periodista para revistas y fue carpintero profesional durante épocas aciagas del país. Pero también lo hizo como aficionado. Porque sostenía que un hombre debe ser, y, además de saber usar la cabeza, saber usar las manos.

     Obtuvo destacadas distinciones. Entre otras, El Premio Concurso Internacional de Cuentos para Niños, El Premio Periquillo (México, 1979), Lista de Honor de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina, 1991), Tercer Premio Nacional de Literatura, Tercer Premio Bibliotecas de Literatura, Lista de Honor de ALIJA (1994), Premio Konex en dos ocasiones (Diploma al Mérito, en 1994  y Diploma al mérito, 2004), Segundo Premio Nacional de Literatura, Premio Fondo Nacional de las Artes. Algunos títulos son: Prohibido el elefante, El monte era una fiesta, El diablo en la botella, El último dragón, Cuentos de Pedro Urdemales y Carnavales eran los de antes, Poesía a la carta, El vuelo del sapo (libro interesante porque retoma otras ficciones previas) entre muchos otros.





     Pese a que en sus ficciones predominan los animales del Alto Chaco, acude en ocasiones a otros como recurso desde el plano de la fábula, recuperando la fauna de otras zonas geográficas del mundo. El elefante, por ejemplo, es un animal que suele regresar a sus cuentos como una presencia que tanto por su tamaño como por su fortaleza (también su memoria), contrasta con la de los animales del monte, por  lo general no tan robustos además de vivir en libertad. Eso por un lado. Por el otro, es el animal que suele estar cautivo y ser esclavo en zoológicos y circos, temas a los que la literatura de Roldán, entre otros, es particularmente sensible. En efecto, alerta a la esclavitud, la libertad, la rebelión, el poder indiscriminado, la insurgencia frente a la prepotencia y lo depredatorio de los hombres sobre la naturaleza, habitualmente en términos destructivos, resulta incluso hasta espontáneo atraer hacia la órbita de su ficción a otros personajes que también suelen ser víctimas de abusos por parte del hombre. En especial a su libre circulación por el mundo, a quienes hacen objeto de maltratos, a llevarlos de su territorio originario a otro que no guarda relación alguna con aquél. Los elefantes suelen afortunadamente escaparse del cautiverio y retozar por el monte, que pese a no ser precisamente la sabana, consiste en un espacio abierto que la naturaleza ofrece en el que retozar y hasta criar a sus vástagos.

    


Roldán realizó una investigación de campo fundamental y de punta, entre las tribus del Alto Chaco, como los matacos, los guaraníes y los tobas, recopilando y luego transcribiendo en un libro, Los cuentos que cuentan los indios (1999), sus cuentos y leyendas. Un libro que permitió preservar un patrimonio que la voz de la conquista, primero, y luego la de la intervención en el desierto durante el siglo XIX habían pretendido silenciar. Acallar la voz de los pueblos originarios supone también eliminar una parte fundamental de la memoria de nuestro país, particularmente en sus zonas más menos atendidas. La cultura en Argentina pareciera ser sinónimo del prestigio de la cultura europea. O a lo sumo del resto de los países desarrollados. Pues Gustavo Roldán no se deja avasallar por esa premisa agresiva. Y recopila, adapta, reescriba una serie de materiales sumamente valiosos a los finales de preservar esa Historia sin una voz vigente de modo generalizado y que ha sido también desautorizada. Este trabajo supuso operaciones complejas de varios tipos. En primer lugar desplazamientos por un espacio que si bien él conocía porque era su zona nativa estaba en directa relación con las fuentes de las que se serviría para elaborar su libro, motivo por el cual suponía ciertas complicaciones en las búsquedas. En segundo lugar, identificar y seleccionar los materiales tanto escritos (fijados como versiones establecidas) como orales a partir de los cuales primero recogía y con los que luego debía reelaborar las distintas historias del el libro. En tercer lugar en el caso de las orales, organizar un material disperso, que del código oral debía pasar al código escrito (la mayoría de las veces), imponiendo una serie de intervenciones sobre esos relatos para estabilizarlos y plasmarlos en versiones definitivas con un cierto sentido de fiabilidad que brindaran garantía de veracidad en relación con los originarios. Por último, en el trabajo de escritura propiamente dicho, como podrá imaginarse el lector, surgen infinidad de dilemas éticos para un autor ¿ser fiel a una trama lo más transparente posible o trabajar literariamente las historias para volverlas más atractivas para el público infantil? ¿adaptarlas para determinadas edades y, en tal caso, de qué modo hacerlo de pareja manera? ¿cómo ser justo con las distintas voces que participan del relato, dado que son más de una, pese a que exista un narrador omnisciente o un narrador protagonista? ¿cómo reconstruir las voces de los personas narradas al haber sido referidos los cuentos por un narrador oral otorgándoles matices? Ya vemos, disyuntivas, cavilaciones, dicotomías, en virtud de una serie posiciones también respecto de la operación compleja que se estaba llevando adelante. Y, por el otro, en virtud de un mandato de lealtad hacia esas tribus exterminadas.  Estas decisiones no han de haber sido fáciles de tomar, de resolver ni de sortear para un hombre comprometido con su país y su cultura prehispánica como Gustavo Roldán pese a su pericia y su experiencia en el oficio. También frente a sus convicciones. Dilemas éticos y estéticos que van de la mano para construir una poética justa, equilibrada pero también legítima que defienda una tradición acallada. Motivo por el cual resulta doblemente importante que esa voz sea legítima y sea escuchada con atención sin dogmatismo. Roldán no se propone ni hacer un panfleto ni jugar con un localismo simplista y pernicioso. Sino más bien, dar cuenta, en toda su riqueza y variedad, de un patrimonio manifestado en versiones acerca de historias vinculadas al nacimiento del mundo pero también a experiencias de sus habitantes, tanto animales como humanos, durante la etapa en que el país estaba habitado por los pueblos originarios, portadores de otra cosmogonía, otra lengua, otro universo de valores. Y si bien Roldán no es un antropólogo, sí sabe escuchar con oído atento, como buen narrador. Sí tiene una buena escucha. Y sí sabe realizar operaciones de transposición del código oral al escrito. Pero Gustavo Roldán tampoco transcribe, reproduce, sino que revuelve la elaboración de su poética sin traicionar a la cultura aborigen ni a sus fuentes. Roldán entonces desanda el camino de las historias. Si los aborígenes las habían creado y circulaban oralmente, regresaban ahora siendo respetuoso de su índole a nuevos receptores que también tenían el derecho y hasta el deber de conocer ese legado.

     Respecto de su poética hay algunas constantes y recurrencias que no tienen que ver solamente con el tipo de personajes que elige. Es cierto que el elenco de protagonistas de sus historias marca el sesgo que en cierta manera tendrán. Responderán a una toponimia, a un universo no necesariamente temporal (sus ficciones tienden a estar más condicionadas por lo espacial que por factores cronológicos) pero sí a determinados principios éticos que atraviesan toda la poética de Roldán transversalmente como un sugestivo leitmotiv. Ello vuelve su poética como un material ficcional cuya experiencia de lectura resulta material de primera necesidad para que los pequeños lectores se formen también en un determinado universo de valores axiológicamente saludable.

    


En efecto, hay personajes mentirosos, fabuladores, como el sapo en Cada cual se divierte como puede  o en El vuelo del sapo, libros en el que el tal sapo narra inverosímiles aventuras, fabulaciones o bien avatares, inventos o bien conquistas en cuyo tramposo relato el resto de los animales, de modo crédulo, cae creyéndoselas y pidiendo detalles que él descaradamente, y dando rienda suelta a una imaginación prodigiosa, concibe como explicaciones a su farsa. Salvo la lechuza, que encarna la figura  histórica en la literatura del saber, la sabiduría, la inteligencia y lo desenmascara. Pero eso no suele bastar. Esta figura del mentiroso que encarna el sapo, también del pícaro será un cierto tipo de personalidad a la cual Roldán estará particularmente atento. Hay personajes que están habituados a una falta a la ética. Corresponde entonces no creer todo lo que se nos cuenta porque podemos estar ante sujetos tramposos.

     En otros casos Roldán gusta de poner en cuestión el sentido común que hace que la mayoría de los niños e incluso de la gente caiga en la trampa de creer versiones del mundo, del universo o explicaciones acerca de su forma o de su funcionamiento que no son, una vez más, veraces, pero sí son verosímiles para una consciencia poco lúcida, poco informada, poco experimentada o poco despabilada. Con ingenuidad, o por confusión, estos personajes caen o bien en la trampa de otros animales ladinos, o bien simplemente en su propia tontería que les impide distinguir dónde está la verdad, dónde están los hechos constatables. Esos  espacios ideológicos en los que acecha la celada y la falta de escrúpulos. Pero, sobre todo, el improcedente engaño.

     Se puede apreciar en Roldán entonces un sistema de versiones deformantes según el cual el universo parece patas arriba según algunas de ellas y según otras, en cambio, regresan al orden a la verdad. Están quienes mienten y quienes ponen las cosas en su sitio. Hay veces en que quienes orquestan estas confusiones no necesariamente lo hacen con malicia sino simplemente por divertimento o para burlarse del resto de sus congéneres. Pero el efecto que logran es el de sacar partido de la ignorancia ajena.

     Otro punto importante de su universo narrativo es el del poder. Quiénes lo detentan, quiénes lo digitan, por qué se arrogan ese derecho en lugar de aceptar que son como todos sus semejantes y no sus superiores. En tal sentido, Roldán brinda una lección de civilidad democrática, según la cual la igualdad entre semejantes impide instalarse al autoritarismo o bien a la prepotencia. No obstante, en ocasiones la fuerza se impone por sobre el inteligencia, porque esa inteligencia viene acompañada de valores intransigentes con el mal. De modo que no está dispuesta a hacer trampas. También sobre la justicia  o las leyes, lo que introduce conflictos que deben ser resueltos más o menos exitosamente.

      Una vertiente entre humorística y aleccionadora la constituyen ciertos animales pequeños que se muestran desobedientes respecto de sus mayores. Por ejemplo, las pequeñas pulgas que aspiran a treparse a un  árbol y sus madres se los prohíben. Mediante estrategias taimadas se treparán al lomo de un gato, a quien un perro persigue. El gato se refugiará en lo alto de un árbol y en ese momento la pequeña  pulga tendrá un panorama de conjunto desde las alturas acerca de cómo se ve el mundo. Este es otro punto importante en Roldán: ver el mundo con precisión. No de modos deformantes.

     Si la ficción de Roldán pone en escena el poder y el dominio como esquema verticalista frente a las víctimas, no lo hace de modo patético, sino siempre desde el humor y la ternura, pero indudablemente con poder de determinación y con firmeza. Hay convicción en su literatura. A mi juicio subyace a su ficción la idea de que es misión del escritor instalar en la mente infantil desde edades tempranas un cierto sentido de la rebelión frente a todos los mandatos que a lo largo de la vida deberá obedecer sin plantearse más tarde o más temprano si son producto de su propia identidad y de su genuina elección o de un capricho social ajeno a sus convicciones sin argumentos atendibles. De modo que este afán de libertad subjetiva que promueve desde una emoción ligada a la realización del sujeto infantil, será un hito en su educación, como lo es en la de un adulto que también se acerque a su producción literaria prestando especial atención a estas claves que señalo. Roldán no hace propaganda. Pero deja en claro una posición firme respecto de asuntos graves de la condición humana, especialmente en lo relativo a las relaciones relativas a la injusticia y el poder. Lo hace desde el humor y desde la ocurrencia. Pero la conclusión a la que arriba es esa. De esta manera, el público infantil sí podrá gozar en su literatura de una ficción imaginativa y llena de divertimento pero con sentido de apertura hacia problemáticas éticas. Roldán, sin llamar a una posición ni intransigente ni belicosa sí le llama la atención al público infantil para que esté alerta acerca de la importancia de una vida independiente, producto de la libertad, de la curiosidad entusiasta y la solidaridad hacia el semejante por lo general más en desventaja. También a poner a prueba toda cosa que se le dice o se le dicta, a cuestionar certezas, paradigmas y puntos de vista unívocos. Acerca de todo lo heredado se reflexiona. La ficción de Gustavo Roldán no tolera la mentira. Regresar al monte es regresar a ese Edén en el que las relaciones humanas se dan en términos transparentes y limpios.


El Impenetrable, ese Monte del Chaco, semejante a la credulidad de la cual parece imposible desprenderse en este mundo lleno de tontería, es salvada por Roldán en una pirueta maestra con conocimiento y con honestidad.

     Precisamente esta mecanismo se pone de manifiesto de modo constante pero también elocuente con los pícaros, los mentirosos y, como vimos, los fabuladores. Logran narrar una versión de la realidad tanto relativa al pasado como al presente, persuasiva, retóricamente convincente, tanto que explique como que consolide una mirada sobre un episodio o acontecimiento que tuvo lugar o está teniendo lugar. Roldán sugiere ser cautos. Protegernos de los inmorales que aspiran a sacar provecho de nosotros y de nuestra buena fe. No todo tiempo ni todo mundo tienden al bien. Explicaciones que no explican nada. Narradores que exageran tanto que violan el principio de verdad, como dije. En fin, relatos deformantes como espejos deformantes del semejante al que son capaces también de usar. Roldán apuesta a una realidad más simple y más sana que la que se construye con esos espejismos.

     Cumple un rol importante en la ficción de Roldán el diálogo con la música. Hay un cuento dedicado a la cantautora argentina Teresa Parodi, se cita una de sus canciones como intertexto explícito y como paratexto se le dedica uno de los cuentos. Se habla del chamamé y se la invoca como una de las voces populares cuyo rescate le interesa traer a sus ficciones como un modelo de la canción popular. Otro músico al que alude es al francés Georges Brassens. Precisamente a este punto quería llegar. Si existe en la literatura infantil una ficción que remite a intertextos del universo de la alta cultura o bien de la cultura oficial, la ficción de Roldán, en cambio, se concentra en la cultura popular, en la cultura rural, desde sus personajes mismos, la espacialidad, el tipo de lenguaje que emplea, las historias cuya elaboración no tienen que ver con citas o intertextos ajenos al espacio dentro del cual ha transcurrido su infancia, sino la cultura dentro de la cual él sigue viviendo pese a haberse marchado. Roldán lleva el Monte Chaqueño encima. En efecto, prácticamente uno tiene la sensación de que esas siestas en que Roldán se trepaba a los árboles descalzo, en que aprendió a andar a caballo de pequeño, iba al río Bermejo de aguas opacas o bien durante las cuales observaba en detalle la fauna y la flora del lugar en el que vivía, siguen presentes en él, de modo intacto. Enhorabuena. Esas experiencias primordiales de las cuales nos hemos rodeado durante la etapa de nuestra crianza, durante la conformación de nuestra subjetividad, pero más aún, en las que nos hemos formado como sujetos de cultura, escuchando relatos orales, en Gustavo Roldán evidentemente tuvieron lugar en estrecho contacto con el medio ambiente. De allí que por extensión y no de modo impostado que sus personajes sean los del Monte Chaqueño. Roldán imagina a partir de lo que vio y, mejor, vivió. Esto es: imagina a partir de un referente nítido. E imagina a través de lo que conoce de los hombres con la mirada de los animales del monte. El monte chaqueño es la infancia anhelada pero a la que, desde la mirada del adulto, se la tamiza. Se le añaden componentes en los cuales el sujeto está en condiciones de pensar el mundo desde perspectivas más complejas sin perder esa Arcadia originaria, de la que he hablado en otro artículo, de naturaleza tan anhelada. Y en ese Paraíso perdido que es el Monte Chaqueño, también la nostalgia de Roldán empapa a sus criaturas. Ninguna se quiere marchar de esa toponimia. Sino permanecer en ese que consideran su hogar. Roldán encarna en animales sus historias y no en seres humanos porque seguramente siente que impresionarán más al alma infantil por su carácter de seres que viven pero no hablan. Aquí sí tienen voz, como los aborígenes, siguiendo casi una premisa ecológica.

     No existe en la literatura de Roldán una presencia dominante del ser humano como protagonista de sus ficciones, como lo vengo sugiriendo. Por algo será. Son los animales, personificados, naturalmente, sobre los que se transponen virtudes o defectos humanos. Como si Roldán metaforizara en esos animales los rasgos de carácter y una ética del sujeto que se desprenderá, según los casos, de figuras virtuosas o llenas de tramposos trucos para engañar o traicionar a sus congéneres. Doy por descontado que la deslealtad es uno de los peores defectos que Roldán contempla en el mundo como una acción de naturaleza inadmisible e intolerable.

     Hay como siempre en la ficción prototipos. El zorro suele ser el animal astuto, lleno de trucos, mañas y trampas con las cuales logra capturar a sus víctimas. El elefante encarna la fuerza bruta pero que al mismo tiempo no es agresivo, si bien es el memorioso por excelencia, como dije. El piojo, la pulga y el bicho colorado suelen ser pese a su tamaño los más curiosos y los que se formulan las preguntas más difíciles. Las pulgas las que se proponen los objetivos más audaces incluso violando la ley materna. Y en esta dialéctica entre tramposos y confiados, entre pícaros y honestos, nuevamente la ética del sujeto se pone de manifiesto. Existe ese eterno enfrentamiento entre quienes tienen escrúpulos y quienes, dispuestos mediante cualquier recurso a cumplir con sus objetivos, tienden trampas. No obstante, muchas veces los cazadores resultarán cazados o se perderán en intrincados laberintos de mentiras de las cuales no sabrán cómo salir, y los terminarán por perjudicar. Y los inmorales castigados porque quedarán puestos en evidencia. En otros casos, en los finales, el que ha sido hábil triunfa sobre el crédulo. No hay tampoco idealizaciones en la poética de Roldán como no hay estereotipos ni existe una previsible historia en la que todo será repetido indefinidamente. Cada historia depara sorpresas así como cada historia depara temas nuevos. Cada historia trae consigo nuevas propuestas. Esas constantes a las que aludí no suponen monotonía sino fidelidad a una poética compacta, íntegra y coherente. Un corpus de pareja calidad que no desentona en momento alguno.

     Los diálogos son cruciales en la poética de Roldán, lo que permiten reconstruir un habla propia de la zona de la cual él es oriundo mediante la escritura. Una construcción discursiva que remeda esa otra pero que como un eco nos trae esa escucha tan necesaria en un cuento en el que los intercambios entre personajes (que nos hacen reflexionar acerca de los intercambios entre humanos) en el marco de la acción los caracterizan además de modo sesgado para dar cuenta de un sociolecto, el modo de habla de un grupo o colectivo.

     Son importantes en los cuentos de Gustavo Roldán los acápites o epígrafes. Señalan o refuerzan el sentido de la historia que se va a narrar a continuación, y son desde autores para adultos, como William Faulkner, hasta proverbios africanos.

     Y como para cerrar, diría que la poética de Gustavo Roldán viene a desordenar para poner las cosas en su sitio. Desordena versiones que se terminan por  derrumbar como mentirosas. Desordena el poder que queda puesto en evidencia en su arbitrariedad y por lo tanto neutralizado en su costado  más malévolo y malicioso. Y, por último, desordena la realidad para que, mediante una nueva organización de las acciones y de las  creencias, más justas y equitativas, el mundo recupere la cordura que ha perdido o bien frente a la estupidez (como cita Roldán de una frase de Bioy Casares) o bien frente a la malicia o la maldad que parecieran haberse apoderado de modo dominante de mundo. Maldad que por supuesto está siempre cerca de la picardía, tendiendo hacia el mismo universo de valores, de principios éticos violados y de comportamientos improcedentes.

     Ficción orientada a la ética del sujeto entonces, para alertarlo acerca de posibles engaños y, huelga decir, para evitar un candor que pueda perjudicarlo para volverlo desdichado o sufrir heridas que podrían ser evitables. Roldán se apresura a avisar a los más pequeños que tienen que tener los cinco sentidos puestos en la realidad y los pies sobre la tierra, para que la intervención de las almas que aspiran a perjudicarlos, sean detectada a tiempo. Siempre habrá personajes que mediante tretas malsanas procurarán sacar ventaja de su prójimo. Revisar todo aquello que se les ha enseñado sin haberlo sometido a su propia experiencia. Gustavo Roldán acierta al plantear una literatura infantil que esté atenta a que se diga la verdad y se la cumpla. A su transgresión y al modo de sancionarse o repararla. Para que la felicidad perdure. Indefinidamente.  




 


domingo, 2 de agosto de 2020

Alicia entra al País de las Maravillas


Un conejo blanco que llega tarde a tomar el té, raro ¿no? Depende desde donde lo leas, porque será muy raro en nuestra época o para cualquier señora de la Inglaterra victoriana, siempre y cuando no seas una niña intrépida e ingeniosa como cierta pequeña que un día se aburría junto a la orilla de un río y no llegaba a entender cómo su hermana podía leer, durante horas, libros sin una sola ilustración.
Gracias a Dios que apareció aquel conejo y animó la tarde de Alicia (y la nuestra de paso y sin querer, o… queriendo)
Alicia, sin dudarlo, sin pensar qué podría suceder, se cuela en la madriguera en post del blanco y raudo conejito. Desde luego que no es el ejemplo más loable para que los niños lo sigan, pero, claro, ¿cuántos niños han visto a un conejo con chaleco y con reloj, preocupado porque llega con retraso?
¿Y a dónde la lleva esa profunda y extraña madriguera, toda amueblada con estantes, mapas, cuadros…? Sólo a un sitio podría ser: Al País de las Maravillas.
Allí, en el País de las Maravillas, Alicia crecerá y disminuirá sólo al comer o al beber; tendrá que nadar en sus propias lágrimas; hará amistad con un ratón; oirá los consejos de una oruga; soportará a una Duquesa bastante extravagante; asistirá a una merienda algo peculiar; tendrá que discurrir el significado de acertijos que no tienen solución; pintará, de rojos, rosales blancos; jugará un partido de croquet con un flamenco como mazo y un erizo como bola; lidiará con la megalomanía de una reina que decapita a todo el que le cae antipático; hablará y verá la cabeza de un gato, que, a veces, sólo tiene sonrisa; vivirá, en fin, mil y una locura más.
Y, en realidad, quizás no sean tantas locuras, quizás todo responda a un juego con reglas que impuso el autor y que, por desgracia, en muchas ocasiones, se nos escapan.
Desde la misma firma del autor, Lewis Carroll, hasta el nombre de la protagonista, todo es juego.
La cosa empezó, como en el cuento, una tarde, algo aburrida, también junto a un río: el profesor Charles Dodgson le relata a tres de sus pupilas un cuento titulado algo así como Las aventuras subterráneas de Alicia, cada una de las niñas tendrá un papel en el cuento (Lorina es Lory o Loro; Edith es Eaglet, el Aguilucho; Alice es fácilmente reconocible), incluso el profesor será Dodo. La narración oral, pasó luego a manuscrito que fue regalado a la pequeña Alice. Al publicarlo, años más tarde, le añadió algunos capítulos más.
Carroll no ideó un cuento de hadas, su país maravilloso no está repleto de hadas ni de princesas, de ogros o de gigantes. Su protagonista es una niña, modosa, recatada, educada, un poco sabihonda que se introduce en un mundo al revés, donde lo que ha aprendido en el colegio no le sirve para mucho, al contrario, la confunde. Tiene que dejar toda esa enseñanza estereotipada de la Inglaterra victoriana, para jugar con la lógica, con el ingenio, que es el único modo de salir indemne de ese mundo maravilloso donde ha caído. 
Alicia afronta con total sencillez, como si fuera lo más natural del mundo, todo lo que le acontece, incluso parece divertirse con la idea de crecer, decrecer, perseguir al conejo blanco, discutir con el ingenioso Sombrerero Loco, pasar del sentido figurado al literal, jugar con las palabras… le molesta, eso sí, que le quieran cortar la cabeza, pero, claro, ¿a quién no le molestaría?
El País de las Maravillas no es suficiente para todo el ingenio de Carroll y Alicia se lanza A través del espejo de su casa para ir a dar al tablero de ajedrez más grande que jamás haya visto y todo empieza de nuevo, quizás mucho más marcado lo simbólico, los juegos de ingenio se suceden vertiginosamente. No en vano, Carroll fue un maestro en lógica simbólica.
Alicia es una de esas obras que parecen para niños pero que pueden (y casi deben) leerse en todas las edades, porque para cada edad hay una lectura.
Al fin y al cabo, “La vida, dime, ¿es algo más que un sueño?”

(Las ilustraciones empleadas en este artículo son parte del proyecto de Dalí sobre Alicia y han sido extraídas de https://codigoespagueti.com/noticias/cultura/las-alucinantes-ilustraciones-que-salvador-dali-hizo-para-alicia-en-el-pais-de-las-maravillas/)



Inmaculada Manzanares

viernes, 15 de mayo de 2020

El sueño y la muerte hermanados en un cuento







Un  cuento es una casa de palabras, un refugio frente a las angustias que provocan las incertidumbres de la vida.
Juan Garzo en Una casa de palabras[1].

El sueño  y la muerte hermanados en un cuento
Estos días de situaciones de encierro nos recuerdan a otros días en otros años de otros tiempos y de otras pestes, de angustias, de miedos. Pero el hombre siempre encontró válvulas de escape y de eso da cuenta la literatura universal: Bocaccio, Chaucer, escritores de posguerras  y tantos otros regalaron a un mundo en plena orfandad sus tesoros más valiosos,  hechos de palabras.
Hoy traemos a nuestra página, la presencia de  un personaje especial de los cuentos de hadas: La bella durmiente del bosque. Los Hermanos Grimm y Perrault fueron quienes proyectaron la figura de esta princesa a lo largo del tiempo y a través de diferentes geografías.
Hoy el Mono de la tinta, nos trae a la Bella durmiente, a través de la mirada de la poeta chilena Gabriela Mistral: La princesa será herida, / mas por gracia del Señor,/ va a dormirse por cien años, hasta la hora del amor[2]. Haciendo uso de una cadencia musical de versos octosílabos, la escritora nos introduce una vez más en el palacio de unos reyes de “Hace tantos, tantos años / que imposible es el contar”  en el que se festeja la llegada de la vida. Pero la vida también tiene su contracara. El mundo de la princesa se ha dormido: Para que cuando despierte / no se llene de terror, que se duerma el mundo todo / al callar su corazón. Recorremos así la obra para detenernos en este otro personaje que está agazapado esperando su momento: el sueño.
La presencia de la muerte vinculada con el sueño es otro eje que mueve al hombre dentro de la literatura. Desde Homero hasta nuestros días, la literatura recoge la visión del sueño como hermano de la muerte. La princesa dormirá o morirá hasta que un beso apasionado la despierte: Y él se inclina hacia el semblante/ (ya ni puede respirar)./ Y su boca besa la otra, / pálida de eternidad,/ y las rosas de la vida/ entreabriendo suaves van…/  Y los párpados se alzan, / ¡qué pesados de soñar!,/ y los labios desabrochan/ y diciendo lentos van:/ -¿Por qué tanto te tardaste,/ ¡oh, mi príncipe! en llegar?[3]
En la muerte como en el sueño, el tiempo se detiene. En esa  ucronía, el devenir de los sucesos genera nostalgia e incertidumbre en el lector: ¿qué hubiese pasado si la Bella Durmiente no hubiese despertado jamás? O si el príncipe no hubiese  llegado a dar el beso que la salvó de los brazos del olvido?  Y qué habrá  pasado con el Hada fea, turba fiestas, rompedora de canción?
Una vez más, Cronos intenta apoderarse de la vida y de la muerte de los personajes literarios y como en tantas otras historias desde las épocas más remotas, el amor ha burlado a la muerte.







[1] Garzo, Gustavo Martín (2013) Una casa de palabras. (Página 9) España. Océano.
[2] Gabriela Mistral (2017) La Bella Durmiente del Bosque. Chile. Amanauta.
[3] Gabriela Mistral (2017) La Bella Durmiente del Bosque. Chile. Amanauta.


domingo, 28 de diciembre de 2014

Una leyenda verdadera de Clarice Lispector

      Este año, por compensación por el retraso queremos regalarles dos cuentos navideños, uno es el que ya hemos publicado La Galleta de nuestra Gabi Casalins, el otro es Una leyenda verdadera de Clarice Lispector.

     Como hasta ahora nunca habíamos traído a Clarice a nuestra revista, y, sabiendo como sabemos, que más de uno sabe de quién se trata, pues no en vano estamos hablando de una de las más grandes escritoras brasileras, nos gustaría comentar algunas cositas sobre ella.
Clarice Lispector nació en Ucrania el 10 de diciembre de 1920 en Chechelnyk (Ucrania), mientras sus padres huían, apenas dos meses después la familia llegó a Brasil, país que siempre consideró el suyo.

     Escribió para adultos y para niños. Sus obras destinadas especialmente para chicos (aunque también los adultos pueden leer y disfrutar con ellas) son, entre otras, la vida íntima de Laura, ¿Cómo nacieron las estrellas?, Casi Verdad, además de cuentos y recopilación de leyendas brasileñas.
Cuando le preguntaron a Clarice cómo empezó a escribir para niños, contó esta anécdota:

"Cuando estaba escribiendo La manzana en la oscuridad en Washington, mi hijo Paulo me pidió, en inglés –yo hablaba portugués con él, pero él hablaba inglés conmigo–, que escribiese una historia para él, y le respondí: “Después”. Pero él dijo: “No, ahora”. Entonces saqué el papel de la máquina y escribí El misterio del conejo que pensaba, que es una historia real, una cosa que él conocía. Por esa vez, fue todo. Lo escribí en inglés para que la criada se lo pudiese leer, ya que entonces él todavía no sabía... (...) ¡Ah! Por esa vez, fue todo. Pasado un tiempo, un escritor de San Pablo, ya no me acuerdo de su nombre, que editaba libros infantiles, me preguntó si yo quería escribirlos o si tenía alguno. Dije que no. De repente me acordé de que todavía tenía la historia del conejo y que sólo había que traducirla al portugués, cosa que hice yo misma." (Cfrdo. en http://página12.com.ar)

     El cuento que le proponemos aparece en ¿Cómo nacieron las estrellas? y se llama Una leyenda verdadera. En Argentina, está publicado por V&R Editoras, traducido por Alicia Salvi e ilustrado por Raquel Cané. Esperemos que disfruten de él, como nosotros.

Una leyenda verdadera

     En el pesebre todo estaba tranquilo y agradable. Caía la tarde  y todavía no se veía la estrella-guía. Por el momento, la alegría serena de un nacimiento -que siempre renueva al mundo y lo hace empezar por primera vez-, esa alegría suave, pertenecía solo a una pequeña y humilde familia.
Algunos sentían que algo estaba ocurriendo en la tierra, pero nadie lo vio ni lo supo a ciencia cierta.

     A la tarde, ya oscureciendo, en la paja de color dorado, manso como un cordero, brillaba el niño, tierno como un hijo nuestro. Bien cerca, un buey y un burro lo miraban. Y calentaban el aire con la respiración de sus cuerpos. Era el momento después del nacimiento, y él reposaba todo húmedo, todo húmedo y tibio respiraba. María descansaba su cuerpo agotado: su tarea en el mundo y ante el pueblo de Dios era cumplir con su destino, y ahora descansaba y miraba al dulce niño.

     José, con su larga barba, sentado allí, meditaba, apoyado en su bastón: su destino, que era entender, se había realizado.

     El destino del niño era nacer.

     En medio de la noche callada se oía aquella música del aire que cada uno de nosotros hemos escuchado y de la que está hecho el silencio. Era extremadamente dulce y sin melodía, pero hecha de sonidos que podían formar una.

     Flotante, ininterrumpida. Sonaba como quince mil estrellas. La pequeña familia captaba la más primaria vibración del aire -como si hablara el silencio.

     El silencio de Dios hablaba. Era agudo, suave, constante, todo atravesado por sonidos horizontales y oblicuos. Miles de resonancias con la misma altura y la misma intensidad, con la misma ausencia de prisa. Noche feliz, noche sagrada.

     Y el destino de los animales allí se hacía y se rehacía: amar sin saber que amaban. La dulzura de las bestias comprendía la inocencia de los niños. Y, antes de que llegaran los reyes, le regalaban al recién nacido lo que poseían: esa mirada grande que tienen y esa tibieza de su vientre.

     Este niño, que renace en cada criatura que nace, querría que fuéramos fraternos en nuestra condición humana y delante de Dios.

     Ese niño se convertiría en un hombre y hablaría.

     Hoy en muchos hogares del mundo nace un niño.

     Y como si con eso no fuera suficiente, derrama en el aire como champaña el burbujeante Año Nuevo.


miércoles, 19 de marzo de 2014

Pinocho de Carlo Collodi

Sin duda le crecerá la nariz a quien diga que no ha leído jamás nada sobre este muchachito maleducado, travieso, mentiroso, bueno para nada, que, no obstante, acaba teniendo una pizca de generosidad y acude a salvar a su papá. Pero cuántos de los que hemos leído el cuento, hemos leído el original. Aquí ya son menos. Y es precisamente la más interesante de todas las versiones, de la que se pueden extraer más lecciones y donde las aventuras y las travesuras de este trozo de pino convertido en muñeco son más colosales, donde el hada buena es más buena y, a veces, más humana (y ¿por qué no? más azul).

Les invito a leer, no ese pinocho reinventado de los cuentos troquelados, ni aquel otro, de la factoría Disney que bailaba con un gato y trabajaba como marioneta, sino el otro, el que escribió Carlo Collodi y fue publicado por entregas en el Giornale per i Bambini, a partir de 1881 y hasta enero de 1883. Hay grandes diferencias entre unos y otros, quizás la más llamativa sea el hecho de que el Pinocho de Collodi nunca trabaja de marioneta, aunque como veremos, a veces, se comporta como una marioneta en manos de gente malvadas y sin escrúpulos. Y el dueño del teatro de marionetas en el cuento de Collodi es un hombre que, pareciendo rudo, en el fondo es un buenazo que se apiada del pobre niño de madera y de su padre que lo espera en su casa y le da unas monedas que luego provocarán otras aventuras o desventuras…

Pero mejor será no empezar a adelantar nada, e ir, directamente, al cuento, que todos creemos conocer hasta que leemos el de Collodi.
Nuestra historia empieza en el taller de carpintero de maese Antonio o maese Cereza (sobrenombre que le viene por el color moráceo de su nariz). El viejo carpintero encuentra un trozo de madera, idóneo para terminar una mesa, pero justo cuando le iba a dar el primer golpe, oye una vocecita que lo recrimina por querer golpearlo. Por supuesto, cuando se da cuenta de que quien le habla es el tronco, ve el cielo abierto al poder desprenderse de él, cosa que ocurre en seguida: un vecino de maese Cereza, su amigo Geppetto va a pedirle un trozo de madera, dentro de su hambruna y miseria ha ideado una forma de ganarse la vida, dar la vuelta al mundo y conseguir un trozo de pan y un vaso de vino. Todo ello, gracias a que va a hacer un muñeco de madera que baile, practique esgrima y dé saltos mortales.
Geppetto, una vez en su casa, en la que hasta el humo de la cazuela era decoración pictórica de la pared, le pone nombre a su futuro muñeco, lo va a llamar Pinocho, pero no porque sea madera de pino, sino porque conoció a una familia con ese nombre, en el que ‘el más rico de ellos pedía limosna’, por eso supone que le va a traer suerte.
Collodi no para de sorprendernos con salidas de este tipo, entre irónicas, burlonas y algo esperpénticas, en las que ya apunta cierto surrealismo.
Después de mucho luchar, Geppetto consigue terminar el muñeco, bueno, casi terminarlo, porque, al pobre, entre tanta travesura de Pinocho, se le olvida ponerle las orejas.
Las tropelías de Pinocho provocarán, desde el principio, una serie de desventuras, que dejarán al pobre Geppetto en prisión, sin culpa alguna y al muñeco solo en casa, sin nada que comer, y con un grillo parlante que acabará aplastado contra la pared, por querer leerle la cartilla a la díscola criatura.
No se preocupen, el Grillo volverá a aparecer, no siempre con forma de grillo, pero eso sí, siempre dispuesto a cantarle las cuarenta a este desobediente Pinocho.
Pero no sólo el Grillo se va a metamorfosear a lo largo del cuento, el mismo Pinocho pasa de ser un tronco de madera a ser un muñeco, va a ser confundido con un ladrón y lo van a tratar como a un perro guardián, lo van a creer un extraño pez y casi va a morir frito en la sartén, luego será un burro (nada de tener sólo orejas y rabo de burro, se convierte en un burro auténtico), de nuevo muñeco de madera, para trabajar como un burro, ahora sin serlo, y terminar, finalmente, como un niño de carne y hueso, en premio a su buen corazón hacia su padre y hacia su amada Hada, claro que para eso, tenemos que llegar a los últimos capítulos.


También el hada va a sufrir mutaciones, primero será una niña de cabellos azules que vive rodeada de extraños y asombrosos seres (entre ellos un Caracol que volverá a aparecer en otros momentos y un perro de lanas que sirve como cochero) en una casita junto al bosque donde Pinocho va a ser colgado de una encina, esta niña lo cuidará y curará, le advertirá sobre su nariz que crece al decir mentiras. La niña morirá por las penas que le hace pasar Pinocho, pero reaparecerá en la Isla de la Abeja Hacendosa, convertida en una señora respetable (eso sí, con su pelo azul identificativo), que lo intentará llevar por el buen camino como una buena mamá. Más tarde, cuando Pinocho ha escapado de la isla, se ha ido al País de los Juguetes, se ha convertido en burro, ha conseguido escapar y ha encontrado a su padre en el vientre del Gran Tiburón, del que también escapa, ve, triscando sobre la ladera de la costa una cabrita ¡con pelaje azul!, que llora y está triste porque Pinocho ha muerto en el mar.
Una vez que Pinocho y Geppetto se han instalado en casa del Grillo, que, según el bichito, antes había sido de una cabra azul que se fue triste y abatida sin rumbo, penando la pérdida de su amigo Pinocho, reaparecerá el Caracol, uno de los personajes que rodean al Hada, y que le dirá que el Hada está enferma y que necesita unas monedas para curarse, o al menos, para poder comer un último trozo de pan. Es la prueba definitiva, pero Pinocho no lo sabe.
Geppetto, sin embargo, va a ser siempre el mismo, no sufre ningún cambio a lo largo de toda la historia. Viene a representar la madurez y la sensatez, al final, también la decrepitud que necesita de la ayuda del joven para salir adelante.
En Pinocho hay muchas lecturas, los más jóvenes quedarán admirados de cuántas aventuras vive el niño de madera, se asombrará de que pueda hablar con un Grillo, se reirán al verle arder los pies (los
niños son así, se ríen de estas cosas), quizás hasta lleguen a envidiar su decisión de dejar de ir al colegio para acudir a ver los títeres o para ir al País de los Juguetes, pero, como Pinocho recibe el castigo que se merece, y sufre continuos descalabros, y sinsabores, cabe una segunda lectura, una lectura quizás menos festiva y más seria, casi transversal: es preferible ser pobre de bolsillo que de corazón, la miseria económica se puede soportar, y el que es pobre de corazón, el cobarde, el vago, el que busca malas compañías y huye de sus responsabilidades, ése, recibirá su merecido. Pero, y aquí, hay otra lectura, hasta el más cabeza dura, el que aparenta que no tiene corazón, puede un día encontrar un motivo para esforzarse en ser bueno y caritativo.
Y no crean con esto que Pinocho es un cuento de esos aburridos, lleno de mensajes morales, porque estas dobles lecturas, están tan entretejidas con las otras lecturas más infantiles, que no nos aburren ni hacen del libro un manual de buenas costumbres. Quizás, si es que queremos sacarle algún defecto a las aventuras de Pinocho sean las idas y las vueltas, los enredos, a veces, excesivos, en los que se ve envuelto nuestro héroe (o antihéroe, que tiene más de lo segundo que de lo primero), pero éste es un problema bastante frecuente en las obras escritas por entregas. Tengan en cuenta que las Aventuras de Pinocho, como ya dijimos más arriba, fue publicada por episodios y eso hace siempre que la trama se alargue un poco más.
Sin embargo, Las aventuras de Pinocho es un buen libro, bastante entretenido, con buen uso de la ironía y de recursos humorísticos, que no nos aburre y que, bien leído, enseña al que quiere oír.

                                                                                                                      Inmaculada Manzanares


(Publicado originalmente en http://www.arealibros.es/)

miércoles, 1 de enero de 2014

Dos poemas sobre los Reyes Magos

Gran diferencia de estilo, épocas y sentimientos hay entre estas dos composiciones que queremos recordar hoy y que nos acercan a las fechas en las que vivimos. Pero también nos muestran cómo se puede tratar este tema con los chicos lectores desde puntos de vista muy diferentes
El primero es un poema de Rubén Darío, llamado Los Tres Reyes Magos. El segundo, un poema de Gloria Fuertes, llamado Auto de los Reyes Magos.
Les invitamos a buscar sus poemas favoritos sobre la Navidad y dejarlos en nuestro facebook para que todos disfrutemos de ellos.


Los Tres Reyes Magos de Rubén Darío
-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella! 


-Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía! 


-Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.

-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor y a su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!

El Auto de los Reyes Magos de Gloria Fuertes:

El camello se pinchó

Con un cardo en el camino

Y el mecánico Melchor
Le dio vino.
Baltasar fue a repostar
Más allá del quinto pino….
E intranquilo el gran Melchor
Consultaba su “Longinos”.
-¡No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!
-son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido-.
El camello cojeando
Más medio muerto que vivo
Va espeluchando su felpa
Entre los troncos de olivos.
Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
-Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.
A la entrada de Belén
Al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
con su belfo y en su hipo!
Se iba cayendo la mirra
A lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.
Y a las tantas ya del alba
-ya cantaban pajarillos-
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.
-No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero, repitió el Niño.
A pie vuelven los tres reyes
Cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
Le hace cosquillas al Niño.