En la biblioteca vive el Mono de la Tinta. Se esconde entre mis libros y acecha mis tinteros. Cuando cree que no lo veo, olisquea mis lapiceras. Se trepa a una pila de libros y, por sobre mi hombro, trata de adivinar qué escribo. Escucho su respiración acompasada, anhelante, mientras lee. Lo sospecho en puntas de pie, haciendo equilibrio, pero, cuando me doy vuelta, siempre desaparece.

Dos cosas le gustan sobremanera: La tinta y las historias.

El otro día, al caer el sol, me acerqué silenciosamente. Me escondí en las sombras, detrás de las cortinas. La noche avanzaba lenta como el río espeso de mis sueños.

Entonces, cuando ya casi se me cerraban los párpados, lo vi: se acercó canturreando una cancioncita pegadiza y destapó todos los tinteros en un bailecito alegre. Después, sentado sobre sus patas sacó una historia del tintero con sus dedos largos.

“Había una vez…”. Y la tinta, sangre del cuento, se deshizo en gotas negras sobre el piso, desmigajándose en mil historias de dragones, de caballeros, de batallas, y en la historia de un mono que bebe tinta, una tinta negra y brillante, como los ojos negros del Mono de la Tinta…

Gabi Casalins, septiembre de 2013

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miércoles, 17 de junio de 2020

Miedo de Graciela Cabal


Luisina Fontecoba nos cuenta una historia de Graciela Cabal: Miedo.
Un niño tiene miedo de todo, las cosas más cotidianas son, para él, motivo de temor. Tiene miedo a los demás niños, miedo a los ruidos, miedo a los abrazos, miedo a los doctores, miedo a los jarabes,... hasta que aparece la solución. Lleno de pulgas y con mucha hambre. Oye el cuento para saber cómo se soluciona este problema, y luego, búscalo y léelo, será un doble placer.